Alemania ha acusado a Rusia de haber llevado a cabo un ataque fallido con drones en agosto, despertando la solidaridad de Bruselas y situando las peticiones de ayudas defensivas ucranianas en el centro de la reunión que han mantenido los ministros de Defensa europeos en Irlanda. Rusia avanza lentamente en el frente y ha incrementado sus ataques contra Ucrania, pero las dudas crecen en Moscú. La ofensiva ucraniana sobre el sistema de refino petrolero ruso y los almacenes del principal negocio minorista del país no solo han acercado la guerra a las principales ciudades del país: también han elevado el temor a un colapso económico.
Boris Titov, enviado de Putin para el desarrollo internacional, ha asegurado que la economía rusa corre el riesgo de volverse «berserker» si se centra exclusivamente en las necesidades militares e industriales. Titov, que ejerce de representante especial del mandatario ruso a la hora de reunirse con organizaciones internacionales, ha utilizado como referencia a los temibles guerreros vikingos que se lanzaban a batallar en estado psicótico durante la Edad Media.
El representante de Putin ha pronunciado estas palabras al medio ruso RBC, según Reuters, asegurando que ese tipo de economía berserker «no es ya una economía». Para él, los ámbitos civil y militar han coexistido siempre, y la clave está en encontrar el equilibrio entre ambos. Se trata de unas palabras que se suman a la oposición de movilizar todo el esfuerzo económico en la guerra contra Ucrania por parte de Serguei Sobianine, alcalde de Moscú, expresada a principios de agosto.
Sobianine aseguró que destinar la economía a ganar la guerra podría llevar a Rusia a combatir en dos frentes: el propio campo de batalla y el mantenimiento de una economía estable. Sin esto último, el alcalde de la capital rusa aseguró que era imposible ganar, según Le Monde.
De esta forma, aunque Rusia sigue avanzando lentamente en el frente, el coste económico empieza a ser muy elevado para el Kremlin, provocando el enfrentamiento entre el Ministerio de Defensa, a favor de incrementar el desembolso bélico, frente al de Hacienda, el cual ha alertado del riesgo de los gastos derivados de la guerra. El panorama económico ruso es complejo: el déficit aumenta ante una inflación que ronda el 5% y los elevados tipos de interés, situados en el 15%. Además, la falta de mano de obra es elevada y los salarios ya no crecen más. Es en este contexto en el que se enmarcan las palabras de Titov y Sobianine.