El calor merma una vendimia con precios a la baja y costes disparados

El calor merma una vendimia con precios a la baja y costes disparados

La guerra de precios marca la campaña de recolección de la uva en el que hoy es el mayor viñedo del mundo. De fondo, una crisis de consumo que ha desplomado las exportaciones españolas un 20% hasta junio.

En muchas zonas de España, el viñedo se presentaba para muchos agricultores como la gran oportunidad para compensar una mala campaña cerealística. Confiaban en un aumento de la producción tras los problemas que generó el mildiu el pasado año y unos precios que garantizasen la rentabilidad del cultivo, pero ni una cosa ni otra.

Pese a que en junio las previsiones para esta vendimia eran superar con cierta holgura los 32,85 millones de hectolitros de vino y mosto producidos en la campaña 2025-2026 –un 16,6 % inferior a la del año anterior–, el calor extremo del verano, que ha adelantado la recolección de manera notable, ha echado abajo las expectativas. El riojano Eduardo Pérez, presidente de la Sectorial del Vino de Asaja, asegura que «sí había racimos de uva, pero el fuerte calor en plena época de floración ha mermado el cuajado y además ha facilitado que apareciese mucha viruela, con lo que el racimo está muy suelto. Se ha perdido mucho caldo por estas temperaturas».

Aunque no da previsiones, sí reconoce que la producción nacional rondará la ya corta del pasado año, incluso puede irse por debajo. «En el norte de España se está empezando a vendimiar y todavía no tenemos datos pero sí estamos viendo que en Castilla-La Mancha o en la zona sur de España, las cantidades son inferiores a lo que se preveía por las altas temperaturas y la escasez, cuando la falta, de lluvias que hemos tenido».

Una bajada de la producción que sin embargo no está empujando los precios al alza, aumentando los ya serios problemas de rentabilidad del sector. «Es cierto que muchas bodegas se comportan con el viticultor, son conscientes de la situación y han aumentado los precios o por lo menos los han mantenido respecto al año pasado, que sí subieron, pero otras bodegas van a barrer y lo que están haciendo es perjudicar la viabilidad del sector. Es verdad que las cosas están muy mal por la caída del consumo, pero el que más lo sufre es el viticultor, que es el eslabón débil de la cadena».

La rentabilidad del viñedo en Rioja ha ido menguando de forma alarmante. Un estudio de la organización agraria revelaba que la ecuación formada por la reducción de rendimientos, el aumento de costes y el descenso de los precios de la uva ha dibujado un escenario de pérdidas para el viticultor: el último lustro se ha saldado con números rojos de más de 38.000 euros (ver gráfico) en un viñedo de 10 hectáreas. «El resultado es que ya se está viendo cómo muchos viñedos en algunas zonas están abandonados por esa falta de rentabilidad y muchos jóvenes que se incorporaron están saliendo del sector», asegura Eduardo Pérez.

En otras zonas vitivinícolas señeras la situación es similar. La Asociación de Viticultores Ribera del Duero trasladaba hace unos días su preocupación por los precios de la uva, en un contexto marcado por un recorte obligado del 10% en la producción y el incremento en los costes de mano de obra. En esa misma Denominación, Asaja Valladolid también alertaba de los bajos precios de la uva que están ofreciendo algunas bodegas a los viticultores y advertía de que de mantenerse la situación «puede comprometer seriamente» la rentabilidad de las explotaciones vitícolas.

«En Rioja, muchos jóvenes que se incorporaron están saliendo del sector»

Por este motivo, reclamaba al Consejo Regulador de la D.O. Ribera del Duero que intervenga y presione para que los precios ofrecidos «permitan, al menos, cubrir los costes de producción». La OPA pedía también a la Consejería de Agricultura, Ganadería, Medio Rural y Política Ambiental, que dirige Joaquín Pino, que actualice los estudios de costes de producción de la uva, que Asaja sitúa en un 25 por ciento en costes de mano de obra, combustible, fertilizantes y productos fitosanitarios. A esto se añade que esta campaña se ha reducido el techo de producción en la Ribera del Duero, que ha pasado de 7.000 a 6.300 kilos por hectárea, como consecuencia de las medidas adoptadas para tratar de equilibrar la producción ante la caída del consumo de vino en España.

En otras Denominaciones de Castilla y León la situación es similar, lo que ha llevado al presidente de la Unión de Campesinos en Valladolid, Valentín García Fraile, a urgir al Defensor de la Cadena Alimentaria a tomar cartas en el asunto.

Auténticas barbaridades

«El problema son los precios que están completamente descolocados», explicaba García Fraile, que acusa a las bodegas de las cinco denominaciones de origen con presencia en la provincia vallisoletana -Rueda, Ribera del Duero, Cigales, Toro y Vinos de la Tierra de León- de «hacer de su capa un sayo» con precios a la baja que suponen «auténticas barbaridades» para los viticultores, como 45 céntimos por kilo de uva en Rueda «o incluso menos» cuando los costes de producción rondan los 60.

Precisamente, la Consejería de Agricultura, Ganadería, Medio Rural y Política Ambiental, que dirige Joaquín Pino, ha hecho público un informe que situado entre 0,49 (espaldera) y 0,68 euros por kilo (vaso) el coste de producción de la uva en Rueda Rueda. Pino ha anunciado que actuará de oficio cuando se compre por debajo de costes.

En el caso de la D.O. Ribera del Duero, aseguraba que las bodegas están pagando el kilo de uva a unos 60-70 céntimos cuando los costes de producción oscilan entre 1,0 y 1,30 euros, mientras que en Cigales se han dado casos de contratos «sin precio» o a 24 céntimos.

«Estamos haciendo unos contratos y unas ventas a pérdidas», zanjaba Valentín García, que insistía en que las bodegas están pagando «lo que les da la gana» frente a unos viticultores «totalmente indefensos» y en una situación «extremadamente grave» y una Administración que no vela por el cumplimiento de la Ley de la Cadena Alimentaria, que queda muy bonita, que está muy bien diseñada, pero que la realidad es que no nos sirve para nada. Ahora mismo prácticamente no la cumple nadie».

Desplome de las exportaciones

La realidad es que el horizonte está sembrado de nubarrones para todo el sector vitivinícola en un escenario de caída del consumo a nivel global. En España, el mayor viñedo del mundo, las consecuencias no solo se dan en el mercado interior sino también en el comercio internacional.

Durante el primer semestre del año, la exportación española de productos vitivinícolas (que incluye vino, mosto y vinagre) se desplomó un 20,2% en volumen y un 10,2% en valor hasta los 11,2 millones de hectolitros y los 1.560 millones de euros, según los datos de la Agencia Tributaria analizados por Del Rey Analistas de los Mercados del Vino (AWM).

La razón hay que buscarla en la fuerte caída de las ventas de vinos a granel, que acaparan nuestras exportaciones, a dos de nuestros principales clientes, Italia y Francia, así como los problemas en otros mercados con vinos envasados en un contexto mundial de consumo y comercio a la baja y existencias abundantes en muchos países productores.

«Lo que se demuestra en este primer semestre viene a corroborar una hipótesis que ya venimos lanzando desde hace bastante tiempo y es el gran riesgo que supone para las exportaciones españolas depender mucho tanto del granel como de unos pocos mercados, básicamente Francia, Alemania, Italia y Portugal. Cuando nos falla el granel las pérdidas son importantes y en este primer semestre Francia e Italia han disminuido mucho sus compras», indica Rafael del Rey.

Estos cuatro países suponen aproximadamente el 80% de las compras de nuestro granel y son países productores y exportadores. «Esto quiere decir que nosotros dependemos básicamente de cómo les vayan a ellos las ventas, por un lado, y las producciones por otro. Si ellos tienen grandes stocks, que es el caso, a nosotros nos afecta de una manera extraordinaria».

Castilla-La Mancha, muy dependiente de las ventas de vinos a granel, perdió casi una cuarta parte de sus exportaciones mientras otras CCAA como Andalucía, la Comunidad Valenciana, Galicia, Madrid, Murcia, Navarra y el País Vasco también registraron caídas porcentuales de doble dígito.

Acompaña también a la caída de las exportaciones que «los vinos envasados tampoco van particularmente bien y que lo que en el mundo en general va menos mal, las de vinos espumosos, pues tampoco nos han ido particularmente bien».

Entre los destinos en los que España vende mayoritariamente vinos envasados, además de la caída de Alemania, donde vendemos envasados además de granel, destaca la caída del 14,9% del volumen enviado a Estados Unidos, del 16,5% a Bélgica y del 15,6% en China, con caídas más suaves en Reino Unido (-3,7%), Japón (-5,5%), Polonia (-3,4% o Suecia (-3,6%). En euros, perdemos en el semestre 28 millones en Estados Unidos (-15,4%) y 10 millones de euros en Canadá (-16,3%), frente a pérdidas menores en Reino Unido, Países Bajos y otros destinos importantes. Aunque la bajada de las exportaciones lleva repitiéndose desde 2022, Del Rey reconoce que «la caída nunca había sido tan grande como la que hemos observado en este semestre. España no va bien dentro de ese contexto general de los últimos años pero en estos seis meses se ha acentuado esa caída de una forma notable».

El debate del arranque

En el mercado interior, las cosas tampoco van bien. El interanual a junio de 2026 –los doce meses comprendidos entre julio de 2025 y junio de 2026– recogió una caída de la estimación de consumo nacional de vino del -7,2% respecto al mismo periodo anterior, hasta situarse en 9,05 millones de hectolitros, según datos de la Interprofesional del Vino (OIVE).

Los malos datos de consumo y exportaciones del vino español intensifican el debate sobre la reestructuración del viñedo. «Para conseguir un equilibrio entre lo que producimos y vendemos hay dos formas: o somos capaces de vender más o tenemos que producir menos. Yo apuesto por intentar vender más y mejor. Me fijo más en lo que pasa en Italia, donde algunas de sus regiones y de sus productos como el Véneto y el Prosseco siguen yendo francamente bien más que por en otras zonas de Francia, muy especialmente en Burdeos, donde la crisis ha sido más notable y donde gran parte del discurso ha sido ‘denme dinero para destilar vino o arrancar viñedos’. Son dos planteamientos muy negativos», concluye Rafael del Rey.

WhatsApp

Facebook

Twitter

Linkedin

Beloud

Bluesky

Facebook
WhatsApp
Twitter
LinkedIn
Pinterest