- El presidente justifica la medida acusando a Canadá de ser «el peor país del mundo en términos comerciales»
- Tras el «lago de américa», el magnate busca un «océano de américa» y apunta al Atlántico o al Pacífico


En la guerra comercial entre EEUU y Canadá ya parece haber un perdedor: el mapamundi. Como ya había amenazado en los últimos días, Donald Trump ha firmado hoy una orden ejecutiva en el que exige a su Administración empezar a referirse al Lago Ontario como «lago de américa». Y ha dejado claro que no está satisfecho: el magnate tiene como próximos objetivos «al Océano Atlántico y/o al Pacífico».
En una breve rueda de prensa en el Despacho Oval, Trump ha vuelto a atacar a los canadienses, acusándoles de ser «el peor país del mundo en términos comerciales», e insistiendo en que «quieren ser tratados como un estado de EEUU sin unirse al país». Por ello, además de la guerra arancelaria, ha ordenado al Departamento del Interior que cambie el nombre del Lago Ontario en los documentos oficiales, justificando que «la mayor parte de su territorio está en EEUU».
Trump, a continuación, ha dicho que «ya tenemos un golfo de américa» (en referencia al Golfo de México) «y un lago de américa. Ahora lo único que nos queda es un océano. Así que a lo mejor tendremos que cambiar el nombre del Océano Atlántico y/o el Pacífico«, ha comentado, manteniendo una expresión seria.
Trump también ha asegurado que la guerra comercial será buena para la economía de EEUU porque «estamos perdiendo 60.000 millones de dólares al año con Canadá», apuntando al déficit comercial entre los dos países. En realidad, esos 60.000 millones se compensan con un superávit financiero idéntico y en sentido contrario, por lo que las cuentas de EEUU no se ven afectadas por la importación de productos canadienses. Preguntado sobre los efectos de los aranceles sobre las cadenas de suministro de coches, integradas entre ambos países desde hace décadas, se ha limitado a decir «quiero que los coches de EEUU se fabriquen por completo en EEUU», y ha dicho que él cree que romper esas cadenas de suministro no va a provocar daños económicos, algo con lo que ningún experto está de acuerdo.