Tras quince años encadenando déficits públicos constantes, la economía de Argentina ha dado un giro de 180 grados. Las arcas públicas registran superávit, la deuda pública cae, el PIB mantiene un crecimiento robusto y el Fondo Monetario Internacional (FMI) valida las previsiones, con un horizonte en el que el superávit fiscal es convierte en la nota predominante y la economía crece al 4%. Pese a la extrema fragilidad de la economía Argentina, el FMI ve un futuro relativamente estable, al menos en los que se refiere a los grandes indicadores macro. PIB al alza, superávit fiscal e inflación a la baja. Ha llegado la hora de empezar a devolver «recursos» a los ciudadanos y las empresas, apuntan desde el Gobierno argentino. De este modo se continuaría con el camino que ha iniciado el mercado laboral, donde el empleo privado tiene cada vez más peso frente al público.
Con las cuentas públicas saneadas y la inflación llegando poco a poco (aunque con ciertos altibajos) a una senda más sostenible, la economía de Argentina se prepara para entrar en una nueva fase que estaría dominada por las grandes reformas, entre las que se incluyen grandes bajadas de impuestos y la flexibilización del mercado laboral.
Aunque el Gobierno no puede descuidar el ancla fiscal, ahora que Javier Milei cuenta con un elevado apoyo en las diversas cámaras, se cree que las cuentas públicas permanecerán equilibradas de forma automática (antes de las elecciones de octubre, la oposición legislaba para aprobar leyes que aumentaban el gasto público y amenazaban el ancla fiscal), por lo que Milei puede centrarse en seguir reduciendo la regulación, liberalizar mercados como el laboral y reducir impuestos allí donde son más lesivos para crecimiento económico.
Nuevo superávit fiscal
Argentina cerró 2025 con un superávit fiscal primario de 1,4% del PIB, que, tras el pago de los intereses de la deuda pública, se convirtió en un superávit financiero de 0,2% del PIB, según un comunicado publicado este viernes por el Ministerio de Economía.
El superávit fiscal era necesario para reducir la oferta monetaria, que durante años ha estado financiando (el banco central imprimía dinero para monetizar el déficit público) el déficit, incrementando la cantidad de pesos en circulación, disparando la oferta de la divisa argentina por encima de la demanda (nadie quería acumular pesos), hundiendo la divisa y poniendo al país en riesgo de hiperinflación. Ahora que esta bomba parece desactivada (el FMI proyecta que se mantenga el superávit hasta 2030, todo el horizonte), el plan de Milei podría entrar en una nueva fase que abre la puerta a una nueva era para la economía y las finanzas de Argentina.
El informe de Economía precisaba que Argentina registró en 2025 un superávit fiscal primario de 11,8 billones de pesos (unos 8.100 millones de dólares) y un superávit financiero (incluye el pago de servicios de deuda) de 1,45 billones de pesos (unos mil millones de dólares).
Segundo superávit consecutivo
Se trata del segundo superávit financiero anual consecutivo, tras registrarse en 2024 el primero en más de una década. En 2024, Argentina registró un superávit primario de 1,8% del PIB, que, tras el pago de los intereses de la deuda pública, se convirtió en un superávit financiero de 0,3% del PIB.
«Segundo año consecutivo de superávit fiscal primario y financiero», celebró a través de X el ministro de Economía, Luis Caputo. «El ancla fiscal es un pilar fundamental del programa económico desde el primer mes de gestión, y que se encuentra cristalizado en el Presupuesto 2026. El orden en las cuentas públicas y el crecimiento económico permitirán continuar devolviendo recursos al sector privado en la forma de reducción de impuestos, que desde 2024 ya alcanzó más de 2,5% del PIB», añadió el ministro.
El cambio de tendencia de las cuentas públicas observado desde 2024 obedece al severo plan de ajuste fiscal puesto en marcha por el presidente de Argentina, Javier Milei, tras su llegada al Gobierno en diciembre de 2023.
Para Argentina, las proyecciones del FMI sitúan al país por encima del crecimiento mundial y de sus pares regionales. Aunque se espera que el producto mundial se expanda ligeramente por encima del 3%, y se prevé que América Latina y el Caribe crezca un 2,2% en 2026 y un 2,7% en 2027, las perspectivas para Argentina siguen siendo más sólidas.
Pero también hay riesgos para la economía. Una de las señales menos favorables para Argentina proviene de las perspectivas del FMI sobre los precios de la energía. Tras caer un 14,2% el año pasado, se proyecta que el precio promedio del petróleo disminuirá un 8,5% adicional en 2026, antes de recuperarse ligeramente un 0,1% en 2027.
Esta tendencia representa una mala noticia para la formación de esquisto Vaca Muerta de Argentina, un pilar clave de la estrategia de crecimiento a mediano plazo del país y su potencial exportador. La caída de los precios del petróleo podría afectar las decisiones de inversión, los ingresos por exportaciones y las expectativas fiscales vinculadas al sector energético, según analistas citados por medios locales como Infobae y La Nación.