- Bruselas propone una «asociación sin accesión» mientras los Veintisiete debaten el nombre del acuerdo
- Ottawa busca acuerdos en energía, defensa, tecnología, minerales críticos e inteligencia artificial
- Una encuesta revela que el 58% de los canadienses quiere unirse a la UE y una mayoría aceptaría el euro

Una de las tareas más delicadas en una negociación diplomática puede parecer absurda, y en cierto modo lo es, pero no por eso deja de ser importante: escoger las palabras exactas que a todas las partes le suenen bien. Y la negociación entre Europa y Canadá para diseñar una alianza está dando vueltas sobre el nombre exacto que recibirá, que no ha sentado bien en algunas capitales europeas. Pero el primer ministro canadiense, Mark Carney, ha dejado claro que por él no será: «El nombre nos da igual».
En un principio, la idea era ofrecer a Canadá el estatus de «miembro asociado», tal y como dijo la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en el discurso en el que lo anunció. Pero varias capitales europeas han rechazado esa denominación, que no está recogida en ninguna parte de los tratados europeos, y han propuesto reemplazarla por una oferta de «asociación cada vez más estrecha», citando palabras que sí aparecen en el Tratado de Lisboa de la UE.
Esta mañana, en la cumbre entre la UE y Canadá para avanzar en la oferta, Von der Leyen se ha sacado otra denominación de la manga: «Asociación sin accesión», una especie de lugar intermedio que deje a Canadá fuera de los Veintisiete pero ofrezca la mayor cantidad posible de acuerdos de todo tipo. «Al alinearse más estrechamente (económica, tecnológica y estratégicamente), Canadá y la UE están construyendo una Alianza para el Futuro basada en la confianza y los valores compartidos», aparece en el texto, según recoge Bloomberg. Pero dejan claro que aún no saben qué supondría todo eso, y que el significado exacto de esa relación se debatirá en la cumbre UE-Canadá de 2027.
Lo que sí ha querido dejar claro Carney es que a él lo que le importa es ese contenido, y no el nombre que se le ponga a su estatus. «Esta alianza no es un ejercicio de márketing. El nombre no importa, lo que importa es complementar nuestras dos jurisdicciones y reforzar nuestra soberanía de forma conjunta». Su objetivo es lograr acuerdos sobre energía, defensa, tecnología, minerales críticos, inteligencia artificial, infraestructura informática y servicios financieros.
Según las última encuesta de Pollara publicada hoy, un 58% de los canadienses quieren unirse a la UE, y una mayoría estaría dispuesta incluso a aceptar el euro como moneda, adoptar las leyes europeas y someterse al Tribunal de Justicia de la UE. Bruselas no parece que vaya a ofrecer tantas cosas, pero la señal está clara: se llame como se llame el acuerdo, los canadienses están más que felices con él.