La quinta economía mundial necesita una avalancha migratoria de 500.000 extranjeros al año durante décadas y no parece dispuesta a permitirla

La quinta economía mundial necesita una avalancha migratoria de 500.000 extranjeros al año durante décadas y no parece dispuesta a permitirla

Salvando las particularidades, el lienzo general es bastante similar para gran parte de las economías avanzadas: se trata de sociedades envejecidas (baja natalidad, mayor longevidad) con una perspectiva demográfica desfavorable que plantea enormes retos actuales (escasez de mano de obra en sectores concretos) y de futuro (disminución de la fuerza laboral, llegada de una economía de los cuidados y preguntas recurrentes como la de quién pagará las crecientes pensiones). Tradicionalmente, en el debate económico se ha tenido como principal alternativa a esta situación la llegada de inmigrantes (mano de obra extranjera). Sin embargo, en los últimos tiempos se trata de una cuestión que genera chispas y posiciones encontradas en la opinión pública, con resistencias crecientes. Dentro de esta dinámica generalizada, el caso de Japón está llamado a ser el más paradigmático, en la medida en la que su tasa de envejecimiento destaca sobremanera. La quinta economía del mundo (en tamaño de PIB y según los últimos datos del FMI en una estrecha pugna con la India) necesitaría una ‘avalancha’ migratoria aún mayor que la de sus pares desarrollados. Sin embargo, evidenciando un dilema que se puede extrapolar a otras grandes economías, el país en su conjunto no parece estar en disposición de permitirlo.

Aunque estadísticas y anécdotas confirmen que en Japón ha habido una menor cultura de asimilación de mano de obra extranjera que en otras economías avanzadas, el país no ha sido ajeno a este fenómeno en los últimos años. En 2024, un número récord de 342.184 trabajadores extranjeros llegaron al país, cifra casi comparable a las entradas en países como Canadá (386.435, datos de la OCDE de 2023) y el Reino Unido (382.709), que se asocian más comúnmente con la inmigración. Es casi el doble de la hipótesis de referencia que manejan la ONU y las autoridades niponas, según la cual Japón aceptará aproximadamente 150.000 trabajadores extranjeros al año

La grave escasez de mano de obra ha provocado un aumento del número de trabajadores extranjeros, lo que llevó a los gobernantes a cambiar de estrategia y ampliar su programa de visados de trabajo en la década de 2010. En 2018, con Shinzo Abe (asesinado en 2022) en el poder, el Ejecutivo proyectó medidas para aceptar a medio millón de trabajadores extranjeros hasta 2025. El número de trabajadores extranjeros en Japón alcanzó aproximadamente los 2,5 millones en 2024, más del doble que hace una década. Los trabajadores extranjeros representan ahora el 3% de la población activa.

Sin embargo, estas cifras no son suficiente para evitar los efectos del ‘invierno demográfico’ (se estima que para 2030, alrededor del 35% de la población japonesa tendrá más de 65 años) en el mercado laboral. En su Modelo Económico Global, publicado en un reciente informe al que ha podido acceder elEconomista.es, los analistas de Oxford Economics calculan que con esta afluencia de 150.000 trabajadores extranjeros al año durante las próximas dos décadas, la población en edad de trabajar de Japón se reducirá en un 8% para 2035 y en un 15% para 2045, ya que no será suficiente para compensar el descenso de la población en edad de trabajar en el país.

Los obstáculos demográficos y los elevados desajustes del mercado laboral están agravando la escasez de mano de obra en Japón. La encuesta Tankan del Banco de Japón muestra que la escasez de mano de obra se encuentra ahora en su nivel más grave en 35 años. En 2024, un número récord de empresas quebró debido a las dificultades para encontrar trabajadores, según informó Tokyo Shoko Research.

Según las proyecciones elaboradas por estos analistas, solo si Japón aceptara unas 500.000 personas al año la población en edad de trabajar se estabilizaría en la década de 2040. En ese escenario, la proporción de extranjeros en la población aumentaría drásticamente, pasando del 3% actual al 30% en 2060. Un vuelco que supera a todas luces el debate puramente económico.

«Creemos que el enorme aumento de trabajadores extranjeros en Japón resultará insostenible, a pesar de la considerable escasez de mano de obra en diversos sectores, causada por una demografía desfavorable. Como demuestra el avance de la extrema derecha en las recientes elecciones, Japón no está preparado para transformar drásticamente su política y su sociedad con el fin de acoger a un gran número de trabajadores extranjeros como ciudadanos de pleno derecho, en lugar de como trabajadores invitados», analiza Norihiro Yamaguchi en el informe de Oxford Economics.

Se refiere al vertiginoso ascenso del partido de corte populista Sanseito, fundado en 2020 y que en las elecciones a la Cámara de Consejeros celebradas en julio irrumpió 14 escaños haciendo fuerte su lema «Japoneses primero», muy inspirado en el Make America Great Again (MAGA) de Donald Trump y haciendo bandera de propuestas anti-inmigración y de reducción de impuestos. Aunque no son cifras para llegar a la gobernabilidad, el auge de este partido manda un mensaje muy fuerte en un país bastante estable políticamente en el que el sistémico y hegemónico Partido Liberal Democrático (PLD) -el equivalente a los partidos de centro-derecha en Occidente- ha gobernado de forma prácticamente ininterrumpida y con grandes mayorías Japón desde los años 50. Como ha ocurrido en otros países, el voto se ha fragmentado con nuevas opciones como Sanseito, viéndose obligado el PDL tras la última serie de elecciones a pactar con otros socios, derivando en una fragilidad que se ha saldado con la dimisión en septiembre del primer ministro Shigeru Ishiba.

Teniendo en cuenta el panorama político y los recientes avances electorales de los políticos nacionalistas, así como las escasas oportunidades que tienen actualmente los titulares de visados de trabajo para obtener la ciudadanía y las ventajas de las que disfrutan los japoneses, esta solución a la escasez de mano de obra en Japón parece «muy poco realista», continúa Yamaguchi.

Lo cierto es que muchos trabajadores extranjeros llegan con visados de duración y ocupación limitadas, y suelen dedicarse a trabajos manuales mal remunerados. «En los últimos años, muchos trabajadores han llegado con visados con estrictas restricciones en cuanto a la duración y la ocupación. Según el tipo de visado, está aumentando el número de trabajadores extranjeros con permisos de formación técnica (con derecho a permanecer hasta cinco años), permisos de trabajador especializado (SSW; cinco años en la mayoría de los casos) y permisos de trabajo independientes (por ejemplo, permisos de trabajo para estudiantes). También existen restricciones estrictas para cambiar de trabajo y traer a familiares a Japón para los titulares de visados de formación técnica y SSW», pormenoriza el trabajo de Oxford.

Los tipos de trabajadores extranjeros han cambiado con el tiempo. Antes de la crisis financiera mundial, el grupo principal de trabajadores extranjeros era el de los decassegui, descendientes japoneses (nikkei) de países sudamericanos. Llegaban a Japón con visados de residencia permanente sin restricciones de duración ni de ocupación. Hoy en día, los trabajadores procedentes de otros países asiáticos constituyen la mayoría. Los cinco principales países de origen -Vietnam, China, Filipinas, Nepal e Indonesia- representan en conjunto el 70% del total.

La presencia de trabajadores extranjeros está creciendo en todos los sectores, pero los fabricantes tienden a depender especialmente de ellos, destacan desde Oxford. En la industria alimentaria, por ejemplo, el 15% de los trabajadores son extranjeros. Entre los sectores no manufactureros, los de restauración, alojamiento y construcción, todos ellos afectados por una grave escasez de mano de obra, dependen de los trabajadores extranjeros.

Las empresas tienden a tratar a los trabajadores extranjeros como fuentes de mano de obra asequible en el contexto del reciente aumento de los salarios nacionales. Según una encuesta realizada a empresas por el Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar, la principal razón para contratar trabajadores extranjeros es paliar la escasez de mano de obra (65% de las respuestas), en lugar de obtener conocimientos y tecnología del extranjero (17%) o mejorar la tecnología (9%).

La afluencia actual menguará

No obstante, pese a la inercia que recogen todas estas cifras y a la acuciante realidad demográfica, parece poco probable que continúe la fuerte afluencia actual, remarcan desde Oxford: «Es cierto que el Gobierno tiene previsto seguir ampliando el programa de visados de trabajo. (…) Sin embargo, creemos que el actual aumento de trabajadores extranjeros es insostenible. La fuerte afluencia ha provocado numerosos problemas, entre ellos malas condiciones de trabajo, empleo ilegal, estancias prolongadas y preocupaciones en materia de derechos humanos».

Al mismo tiempo, prosigue Yamaguchi, los ciudadanos japoneses se muestran cada vez menos receptivos hacia los trabajadores extranjeros. Y a las pruebas se remite: «Un partido de derecha que aboga por la restricción de la mano de obra extranjera obtuvo un éxito sorprendente en las elecciones al Senado celebradas en julio».

Más allá de la cuestión política, existen complicaciones de ‘infraestructura social’ y fiscales. «Hay mucho por hacer si Japón quiere transformarse en un país de inmigrantes. Aceptar a un gran número de trabajadores extranjeros e integrarlos en la sociedad (al tiempo que se impulsa el crecimiento económico) requerirá que las autoridades cambien su enfoque, pasando de limitarse a aceptar ‘trabajadores invitados’ a desarrollar una política de inmigración completa».

Por ejemplo, enumera el economista, será necesario mejorar el sistema de seguridad social y proporcionar educación a los hijos de los inmigrantes, más allá de simplemente aumentar el número de visados disponibles. Algo que no será fácil para Japón, dada la difícil situación fiscal. «La economía tendrá que soportar los costes fiscales de las políticas destinadas a integrar mejor a los inmigrantes hasta que los trabajadores extranjeros empiecen a contribuir de forma más significativa a los ingresos fiscales», explica Yamaguchi.

Además, rubrica el experto, la sociedad deberá volverse más inclusiva y receptiva al cambio: «Citando el Programa Internacional de Encuestas Sociales, la profesora Kikuko Nagayoshi señala que los japoneses siguen tendiendo a considerar a los trabajadores extranjeros como invitados, aunque no sean necesariamente xenófobos. Esto significa que las peticiones para restringir el acceso de los trabajadores extranjeros a la seguridad social pueden ganar fuerza». La conclusión desde la casa de análisis británica es clara: Japón reducirá la afluencia de trabajadores extranjeros, que volverá gradualmente a los niveles previstos por el Gobierno y la ONU (las 150.000 llegadas netas al año).

WhatsApp

Facebook

Twitter

Linkedin

Beloud

Bluesky

Facebook
WhatsApp
Twitter
LinkedIn
Pinterest