Este lunes, el petróleo se hunde ante las esperanzas de un acuerdo entre EEUU e Irán. Y a estas alturas prácticamente esa es la última esperanza que le queda a Donald Trump para evitar una fuerte derrota en las elecciones legislativas de este martes: un milagro que movilice a su electorado sobre la bocina. Con casi 60 millones de votos ya en las urnas, cerca de la mitad de la participación esperada en total, el tiempo se le está agotando para cambiar la trayectoria de unos comicios que pueden definir el futuro de la economía mundial en los próximos años.
Tradicionalmente, las elecciones podían decidirse en lo que se conocía como «sorpresa de octubre», un evento de última hora que ayudaba a un partido en concreto. El derrumbe de los grandes bancos financieros de Wall Street en 2008 y la buena gestión del huracán Sandy en 2012 ayudaron a Barack Obama a ganar sus elecciones, mientras que la apertura de una investigación del FBI contra Hillary Clinton (que acabó en nada) en 2016 salvó a Trump cuando todo parecía perdido.
Un acuerdo con Irán entre el lunes y el martes podría ser el giro que ayudara a Trump a movilizar a sus votantes en el último momento, dado que uno de los principales motivos por los que está hundido en las encuestas es, precisamente, la subida de los precios del combustible por el cierre del estrecho de Ormuz. Aunque el problema es que las elecciones han cambiado mucho desde entonces por un motivo muy simple: los comicios ya no son cosa de un día, sino de un mes. Y ahí tiene un problema enorme: es posible que mucha gente a la que aún podría haber convencido mañana ya haya votado hace tiempo.
Unas cifras espantosas
Por el momento, los datos de participación recogidos hasta este lunes son espantosos para el Partido Republicano. En los estados que ofrecen datos de quién ha votado hasta el momento por afiliación política, que recoge el Laboratorio Electoral de la Universidad de Florida, los demócratas lideran por 11,2 puntos, frente a los 1,8 puntos de ventaja que tenían a estas alturas en 2024, un giro brusco que calca casi los 10 puntos de ventaja que dan de media las encuestas a los demócratas a nivel nacional.
Y los datos son aún más preocupantes si se analiza quién está votando exactamente. En Texas, un estado tradicionalmente republicano donde esperan ganar esta vez los demócratas, las mesas donde arrasó Trump en 2024 están registrando una participación unos 30 puntos más baja que hace dos años a estas alturas, mientras que las mesas donde arrasaron los demócratas registran el mismo número de papeletas que entonces. Y el patrón es consistente en prácticamente todo el estado: cuanto más ‘trumpista’ fue una mesa en 2024, más ha bajado su participación, y viceversa.
Otro dato relevante es la fuerte movilización del votante negro, que suele votar demócrata por márgenes de hasta el 90%, y que está disparando su peso entre el electorado que ya se ha acercado a las urnas a costa del votante blanco, más tendente hacia los republicanos. Y los hispanos están votando a niveles extraordinarios, mientras crece su rechazo a Trump por la violencia de la policía migratoria y el fuerte aumento de precios.
La última carta
La gran -y casi única- esperanza de los republicanos a estas alturas es que tienen a muchísimos potenciales votantes en el sofá: en Florida, por ejemplo, ha votado ya el 50% de los militantes demócratas frente a menos de un 40% de los republicanos. Los conservadores suelen esperar hasta el último día a pasarse por las urnas, pero el problema es que el mes ‘preelectoral’ ha sido tan nefasto que mañana necesitan una movilización récord para recortar significativamente la ventaja que les sacan los demócratas hasta el momento.
Y, para pánico del partido, los sondeos no apuntan en esa dirección. El New York Times, que produce las encuestas más precisas en EEUU, ha publicado esta mañana sus números para los principales estados en juego en el Senado, y los demócratas ganaban en todos incluso asumiendo una movilización importante de los republicanos este martes. Si las cifras decepcionan, advierten, el descalabro para el partido de Trump puede ser histórico.
Un acuerdo con Irán que reactive a los mercados y les permita rogar a sus votantes desmovilizados por una última oportunidad puede ser su última esperanza. Si no, la pregunta será cuáles serán los márgenes. El escenario más probable ahora mismo, según los grandes analistas electorales como Nate Silver, Larry Sabato o G. Elliott Morris, es una victoria demócrata en ambas cámaras. Pero un escenario en el que los demócratas consigan 230 diputados (la mayoría son 2018) y 52 senadores (mayoría en 51) sería hasta positivo para Trump. Pero si los votantes desmovilizados no aparecen cual caballería para salvarlos en el último momento, un resultado de 260 diputados y 57 senadores demócratas podría ser posible, dando la señal para que los supervivientes entre las fiales republicanas abandonen al presidente para intentar salvar sus cabezas en 2028. Y, si eso ocurre, Trump saldría de los comicios como un ‘pato cojo’ mucho más debilitado de lo que nadie podía imaginarse hasta hace poco tiempo.