Cuando Argentina va, Uruguay vuelve: el banco central charrúa apuesta por la desdolarización

Cuando Argentina va, Uruguay vuelve: el banco central charrúa apuesta por la desdolarización

El presidente del Banco Central de Uruguay se ha fijado un reto que resulta sorprendente por ir a contracorriente de sus vecinos: convencer a los ciudadanos de uno de los países más dolarizados de América Latina de que su apego por la moneda estadounidense perjudica tanto a la economía como a sus bolsillos. En su opinión, el uso de esta moneda es una vieja costumbre adquirida en tiempos de inestabilidad económica, pero, en su opinión, ya es hora de crecer y entrar en el mundo adulto: «Dejemos el chupete de una vez por todas».

A partir del próximo año, Guillermo Tolosa planea implementar medidas para impulsar el uso del peso uruguayo, dentro de una estrategia para desarrollar un mercado de capitales nacional que aumente la liquidez y abarate los préstamos. Si saliera bien, los tipos de interés podrían bajar, tanto para los préstamos individuales como para la deuda pública.

Los primeros pasos incluirán aumentar los requisitos de capital para los bancos a la hora de dar préstamos en dólares, junto con la eliminación de los niveles de reserva para algunos depósitos en pesos, con el fin de incentivar a los bancos a otorgar más préstamos en la moneda local. Otra posible medida sería exigir a las empresas que cotizan sus productos en moneda extranjera que también los publiquen en pesos.

El camino para desincentivar el uso del dólar será muy largo en un país donde más de dos tercios de los depósitos bancarios se mantienen en moneda estadounidense. Los uruguayos comenzaron a adoptar el dólar durante los numerosos períodos de alta inflación y depreciación monetaria en la segunda mitad del siglo XX, como ocurrió en Argentina. Pero en el país charrúa se llegó más lejos: hoy en día, los cajeros automáticos ofrecen retiradas tanto en pesos como en dólares, y las compras más importantes, como coches y viviendas, se fijan en dólares.

La iniciativa de desdolarización, que lidera el presidente Yamandu Orsi, contrasta con la de su vecino al otro lado del Río de la Plata, Javier Milei. En Argentina, el libertario está impulsando una reforma laboral que permitiría a los trabajadores recibir sus salarios en dólares, y no ha renunciado a su objetivo de eliminar el peso, cerrar el Banco Central y pasarse por completo al dólar.

Dudas sobre la ‘moneda reina’

La decisión de Uruguay de reducir su dependencia del dólar refleja un debate internacional más amplio sobre el futuro del dólar. Pocos esperan que la moneda estadounidense pierda su papel dominante en la economía global en el futuro cercano, pero la creciente competencia de otras monedas, las tensiones geopolíticas y los déficits estadounidenses han erosionado parte de su atractivo.

Tolosa ha intentado generar apoyo público para su campaña de desdolarización argumentando que los uruguayos pierden dinero al ahorrar en dólares. Según sus cálculos, las cuentas corrientes denominadas en dólares han perdido la mitad de su poder adquisitivo en las últimas dos décadas. La escasez de depósitos en moneda local también limita la oferta de créditos, ya que las regulaciones limitan los préstamos en dólares a hogares y empresas con ingresos en pesos.

Sin embargo, para persuadir a los uruguayos de que mantengan una mayor parte de sus ahorros en pesos, el Banco Central uruguayo deberá adoptar una meta de inflación más baja —3% en lugar del 4,5% actual— y defenderla con éxito durante años, afirmó Aldo Lema, economista y socio de la consultora regional Vixion Consultores.

La política monetaria restrictiva está empezando a dar sus frutos: la inflación lleva dos años y medio dentro del rango de tolerancia del banco central del 3% al 6% y rondando el objetivo del 4,5% durante seis meses consecutivos. Pero el país tendría que ponerse metas más duras para generar la credibilidad necesaria: «Uruguay todavía no ha conseguido llevar la inflación a niveles suficientemente bajos y estabilizarla, a diferencia de Perú, que sí ha tenido una inflación baja y estable durante mucho tiempo y ha logrado desdolarizarse», advierte Lema.

Hasta hace poco, Uruguay era un caso atípico en América Latina, con un alza media anual del IPC del 8,8% entre 2001 y 2022. Esta situación se toleraba en general gracias a convenios colectivos y contratos comerciales estructurados para proteger a las partes de las fluctuaciones de precios. La alta inflación no ha impedido a Uruguay recibir ‘ratings’ de grado de inversión de las empresas de calificación de deuda, ni atraer miles de millones de dólares en inversión extranjera. El siguiente paso es intentar usar esa credibilidad para acabar con la inflación y tirar definitivamente el ‘chupete’ del dólar.

WhatsApp

Facebook

Twitter

Linkedin

Beloud

Bluesky

Facebook
WhatsApp
Twitter
LinkedIn
Pinterest