Los empleados públicos de EEUU están cumpliendo esta semana su primer mes sin salario ante la falta de Presupuestos. Y las primeras consecuencias graves ya se están haciendo sentir en uno de los puntos más delicados: los controladores aéreos. El aeropuerto Ronald Reagan de Washington acaba de anunciar que operará a medio servicio durante este jueves por la falta de controladores aéreos, de baja por estrés, depresión o para buscarse un segundo trabajo que sí les pague. Una situación que no va a hacer más que empeorar, y que puede desatar una crisis inesperada en el país.
La reducción de operaciones en Washington se aplica desde las 18:30, hora peninsular española, y se alagará hasta al menos las 5 de la madrugada de mañana, con retrasos medios de 90 minutos. Y el problema es que la falta de controladores no tiene visos de mejorar: «Solo va a ir a peor», advirtió el secretario de Transporte, Sean Duffy.
La falta de salarios ha hecho que los controladores tengan que buscarse segundos trabajos para pagar sus facturas. Este miércoles, la Administración envió una carta a los funcionarios para aconsejarles cómo negociar con sus acreedores prórrogas a sus deudas, a la espera de que el Congreso apruebe unas nuevas cuentas, algo que no parece que vaya a ocurrir a corto plazo.
Y Duffy es consciente de la situación: «Veo su estrés», dijo en una entrevista el domingo. «Veo a muchos que buscando un segundo trabajo, están ahí preguntando: ‘¿Puedo conducir para Uber? ¿Puedo encontrar otra fuente de ingresos para llegar a fin de mes?’ Pero yo necesito a mis controladores en los aeropuertos, no en casa buscándose un segundo trabajo». El sábado ya hubo 22 alertas en aeropuertos de todo el país, pero esta es la primera vez que afecta a uno de los principales de EEUU y del mundo.
Mientras tanto, los dos principales partidos ni siquiera están negociando, ya que el presidente, Donald Trump, se ha negado a hablar con los demócratas, y exige que se limiten a aprobar el texto republicano sin más. La oposición exige añadir una partida para extender las ayudas para pagar los seguros sanitarios privados, para que las cuotas mensuales no se dupliquen, como ocurrirá a partir de este 1 de noviembre para todos los que no tengan un plan sufragado por sus empresas. Los republicanos se limitan a prometer que pondrán ese debate sobre la mesa en los próximos meses si aprueban estos presupuestos tal y como están, pero los demócratas han dejado claro de que no se fían lo más mínimo, y que exigen votar ambas cosas a la vez.
Mientras tanto, el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, lleva desde mediados de septiembre sin convocar un solo pleno, como forma de presionar al Senado, donde los demócratas tienen derecho de veto, para que apruebe las cuentas que salieron de la Cámara Baja sin cambios. El mayor problema es que el proyecto de presupuestos que aprobó la Cámara de Representantes caduca el 21 de noviembre, por lo que tendrán que aprobar un nuevo texto para entonces. Los demócratas piden ignorar esa propuesta de presupuestos para tres semanas y negociar unos definitivos para todo el año. Pero, sin el permiso de Trump, nadie en los republicanos se atreve a moverse.
Mientras tanto, el presidente no parece tener ninguna prisa. Preguntado por el tema en los últimos días, el propio Trump aseguró que «después de aprobar la Gran y Bella Ley» de reforma fiscal, «ya estamos listos para los cuatro años, ya no necesito nada más del Congreso«. Por el momento, ha hecho todo lo posible, moviendo partidas de forma dudosamente legal, para pagar los sueldos del Ejército y poco más.
La pregunta ahora es quién dará su brazo a torcer primero. En 2019, cuando Trump estableció el que hasta ahora es el récord en cierres de Gobierno, fue la amenaza de huelga de los controladores aéreos la que llevó al presidente a dar su brazo a torcer y aprobar el texto negociado por los demócratas. A este ritmo, no parece imposible que la resolución llegue desde el mismo sitio.