Vicepresidente primero, ministro de Economía y, desde este miércoles, también ministro de Transportes. Hasta tres cargos de gran relevancia política y económica ha dejado el presidente Pedro Sánchez en las manos de Carlos Cuerpo, entre ellos la cartera ministerial que más quema después de la ya inexcusable dimisión que Óscar Puente protagonizó en el Congreso en la última hora del pasado martes. Cuerpo volverá a ejercer así una tarea de apagafuegos que Sánchez le ha encomendado otras veces en el pasado, en esta ocasión con el cometido de acometer una nueva misión, si no imposible ahora, de indudable dificultad: salvar la campaña electoral del PSOE para el 29-N, a poco más de una semana de que comience oficialmente.
Apenas hay perfiles que puedan echarse a la espalda esta carga, máxime cuando la estrategia socialista (basada en hablar de la crisis de vivienda, el tirón personal de Sánchez en la televisión y en las redes, e incluso la apelación al sentimentalismo más que a la ideología en sus mítines y mensajes) ha saltado por los aires con la tragedia ferroviaria de la semana pasada. Para afrontarla hacen falta méritos personales pero también la capacidad de encarnar la gran baza, y posiblemente ya la única, que el Gobierno de coalición puede exhibir ante los electores: las buenas cifras económicas acumuladas en los últimos cuatro años.
Carlos Cuerpo, y prácticamente nadie más, hace ‘check’ en los dos requisitos. En relación al primero, puede arrogarse la mejor calificación en las valoraciones de los miembros del Gobierno en las encuestas de este tipo, con una calificación que llega a superar los siete puntos en lo que a los votantes de afinidad socialista se refiere. Además, a los ojos de todos los electores (con independencia de su adhesión ideológica) constituye la antípoda con respecto al carácter ferozmente militante del que Puente se ha enorgullecido durante todo su mandato.
Ya es indudable que, para gestionar la peor crisis de la historia del ferrocarril español, es inútil el carné de partido (del que Cuerpo, por cierto, carece) y el cierre de filas con los correligionarios, muchos de ellos ahora enfangados en unos casos de corrupción en los que el nuevo ministro de Transportes no tiene nada que ver. Lo realmente importante ahora es la capacidad de exhibir experiencia en la gestión y buenos resultados en esa tarea. Y Cuerpo es el rostro de los positivos resultados económicos españoles a los ojos de tres instancias clave: los votantes, las empresas y las autoridades europeas.
Desde el punto de vista económico, la crisis de vivienda y la inflación constituyen dos borrones de enormes dimensiones en la hoja de servicios del Gobierno de coalición. Sin embargo, Cuerpo y su equipo pueden defenderse en el caso del alto IPC (enquistado en el 5% interanual durante dos meses seguidos), apelando a la crisis global relacionada con la guerra de Irán, capaz de incrementar los precios en prácticamente todos los países del mundo. Pero más importante son las buenas estadísticas que el vicepresidente primero puede poner ante los votantes. Así ocurre en ámbitos tan importantes como el crecimiento económico, la afiliación a la Seguridad Social, la recaudación fiscal (con el margen que eso brinda para seguir elevando el gasto), e incluso el déficit y la deuda de las Administraciones, lo que permite esquivar toda amenaza de recortes de sueldos o plantilla en esa área.
En el Congreso también destacan que Cuerpo está libre de la gran ‘mancha’ que tanto ha irritado a los electores de la mayoría de las comunidades autónomas de régimen común: «el servilismo de Moncloa ante las reivindicaciones de los partidos independentistas catalanes», incluso del PSC, para reformar la financiación autonómica. Ése fue un estigma del que nunca se ha recuperado, lo mostraron las elecciones andaluzas del pasado mayo, la exministra de Hacienda, María Jesús Montero. No es casual que Sánchez se decantara precisamente por Cuerpo para ocupar la Vicepresidencia primera que Montero dejó vacante para concurrir a esos comicios autonómicos. Mientras, la propuesta de reforma de la Lofca que diseñó esta última dormita en el escritorio de otro ministro: Arcadi España, y el Gobierno carece de toda intención de revitalizarla, a ella y a sus defensores, en plenas elecciones
Ante los empresarios, no solo la ausencia del tono militante que tanto sobrecargaba a Puente ha jugado a favor de que Cuerpo fuera visto como un interlocutor moderado y con capacidad de dialogar. El ministro de Economía ha reforzado estas dos últimas características con el decidido rol de cortafuegos que asumió ante las propuestas más radicales de la facción de Sumar en el Gobierno, en particular de la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz.
La intención de reducir por ley la jornada laboral a 37 horas fracasó en el Congreso hace más de un año pero, antes de llegar a la Cámara, fue Cuerpo quien impuso líneas rojas a Díaz al proyecto de Díaz, incluso en su fase más incipiente para que, con independencia de su recorrido parlamentario, se tuvieran en cuanta las demandas y necesidades de las empresas. Es un logro meritorio, considerando el modo en que Díaz ha desarrollado su política en todo su mandato, a espaldas de todo acercamiento a las patronales, con la única excepción de la aprobación de la reforma laboral de 2021. Un rol semejante de muro de contención lo ejerce todavía Cuerpo con respecto a la ministra de Trabajo en el campo de otra ley polémica: la reforma del registro horario, actual estancada en su tramitación sin que cuente con fecha de aplicación.
Junto al electorado y a las empresas, Cuerpo cuenta también con prestigio europeo. No tuvo que esperar para lograrlo a ser la voz de España en el consejo de ministros de Economía y Finanzas de la Unión Monetaria (Eurogrupo) y de la UE (Ecofin). Ya antes, como mano derecha de Nadia Calviño y secretario del Tesoro Público, se ganó la estimación de sus pares comunitarios en aspectos tan sensibles, y monitorizados estrictamente por Bruselas, como la gestión de la deuda emitida por el Reino de España.