La inflación ha regresado. Después de un periodo de dos años de tregua, el aumento de los precios se está expandiendo por todo el mundo, con un alza generalizada que ya se está dejando sentir en las grandes economías del planeta. La última crisis inflacionista llegó en la recuperación tras la pandemia por una demanda embolsada e inflada por estímulos fiscales y monetarios, disparó los precios hasta niveles sin precedentes en la eurozona desde el lanzamiento del euro, y ahora, en gran parte por las consecuencias de la guerra en Oriente Medio en los precios de la energía, la inflación está haciendo reaparición.
El aumento de los precios se está sufriendo en distintas regiones, desde la eurozona, hasta Estados Unidos, y aunque el principal motivo es el encarecimiento de los precios del petróleo, el gas y, en general, de la energía, que se contagian a otros bienes y servicios, no es el único factor que está en juego en este momento. Los alimentos, ya de por sí presionados por el aumento del coste energético (especialmente por el encarecimiento del diésel) y de los fertilizantes, ahora se están viendo amenazados por unas condiciones climáticas adversas para muchas cosechas, mientras que la tecnología, un componente que ha sido desinflacionista en las últimas décadas, se ha sumado a las presiones en los precios en los últimos meses.
Hasta ahora, el aumento de la inflación no se ha contagiado a los salarios en la zona euro (el crecimiento de los salarios negociados que recoge el Banco Central Europeo ha pasado del 2,9% interanual en el cierre de 2025, hasta el 2,4% al cierre del segundo trimestre) y es buena noticia en el frente ‘macro’, ya que la gran amenaza de que haya inflación prolongada es que se produzca una espiral de aumentos de precios-salarios de la que es difícil salir.
De media, el consenso de analistas que recoge Bloomberg espera que el crecimiento de la inflación se modere en el último trimestre de este año en países como España o Estados Unidos, pero no así en el conjunto de la zona euro, donde habrá que esperar al año que viene para que la inflación crezca a ritmos más lentos. Esto, sin embargo, dependerá en gran medida de que el conflicto en Oriente Medio se solucione y la tensión en los mercados de la energía se modere.
«La inflación ha acelerado hasta el 3,3% en agosto en la eurozona, impulsada por un rebote en los precios de los combustibles tras el nuevo cierre del Estrecho de Ormuz», explica Leo Barincou, economista senior de Oxford Economics. Aunque el experto cree que las presiones inflacionistas «se han mantenido relativamente contenidas gracias a la inflación de los servicios», advierte de que «la inflación debería seguir muy por encima de los objetivos de los bancos centrales en el el inicio del año que viene, a medida que los mayores precios del gas y de los alimentos añaden presión en el índice de precios», destaca Barincou.
España encabeza la zona euro
El crecimiento de la inflación en España supera el de las principales economías de la zona euro en el tercer trimestre. El consenso de analistas que recoge Bloomberg apunta al 3,8% de aumento interanual en este periodo y del 3,9% para el último trimestre del ejercicio, mientras la estimación media de la zona euro es del 3% y 3,1%, respectivamente. Economías como Alemania o Francia experimentarán una tasa de inflación del 2,8% y 2,7%, respectivamente, en el último trimestre y, salvo excepciones, como el caso de Grecia, España se mantiene en cabeza en las previsiones en los próximos trimestres.
El repunte inflacionista que ya se está viviendo en nuestro país (en agosto ya se ha alcanzado una tasa interanual del 4,3%, el nivel más alto desde el año 2023) y en el conjunto de la zona euro, no es anecdótico: si se excluye el aumento de inflación del año 2022, que fue excepcionalmente fuerte, y alcanzó el 10,2% en España en el segundo trimestre de ese año, y el 9,9% en la zona euro en el tercer trimestre, las tasas de inflación que se han alcanzado ahora sólo tienen un precedente desde la creación del euro, y hay que remontarse hasta 2008, justo antes del estallido de la Gran Crisis Financiera en Estados Unidos, para encontrar niveles similares (4% en la eurozona y 5% en España). Más allá de ese pico, y el que se tocó en 2022, España no ha superado nunca una tasa de inflación del 4% en un trimestre, un nivel que se va a rozar ahora y se mantendrá hasta el cierre de 2027, si se cumplen las previsiones de los analistas.
Energía y alimentos
La disrupción que ha generado la guerra de Irán está siendo el principal motivo que ha desatado el regreso de la inflación en los últimos trimestres. El mundo disfrutaba de unas tasas del entorno del 3,5%, según el índice de inflación mundial ponderada de Bloomberg, y el conflicto lo ha llegado a disparar un punto básico, hasta tocar el 4,5% en el segundo trimestre de este año. La fuente de inflación principal ha sido el encarecimiento de la energía, que está salpicando a otros activos, como los alimentos, que están sufriendo el encarecimiento del combustible más utilizado para la agricultura y ganadería: el diésel. Sin embargo, las materias primas agrícolas también se están viendo afectadas por otros factores, como el clima, en un cóctel peligroso que amenaza con fuertes repuntes en los próximos meses.
El encarecimiento que se está produciendo en los precios de las materias primas agrícolas en los mercados internacionales confirma la amenaza inflacionista y el daño al bolsillo de los consumidores en la cesta de la compra: en lo que va de año, el precio del arroz repunta más del 61%; el del trigo un 46%, seguido por el aceite de soja, con un 40,5%. La colza sube de precio un 40%, el algodón casi un 30%, el azúcar un 24%, el maíz un 17% y el cacao repunta un 3%. En este último caso, sin embargo, la débil subida no debe dar lugar a errores: el precio se está incrementando a gran velocidad, con un aumento del 134% desde los mínimos del año que se tocaron en febrero, y del 70% desde que empezó el verano, debido a las previsiones de malas cosechas en los próximos meses en África Occidental, la región que más cacao produce de todo el planeta.
El aumento de los precios del diésel está contagiándose a las materias primas agrícolas, y el incremento de los precios de los fertilizantes también se ha convertido en un peso extraordinario en los costes para la industria del campo. Los fertilizantes se están viendo muy afectados por la guerra en Oriente Medio al ser una zona estratégica de producción y tránsito de urea, un componente químico esencial en muchas partes del mundo para la producción de recursos agrícolas.
Ahora, los analistas del banco de inversión UBS destacan cómo, si bien «la inflación de los alimentos ha caído de forma global desde los picos de la pandemia, sigue habiendo incógnitas sobre la posibilidad de que los precios vayan a regresar a los niveles históricos. Nuestro análisis sugiere que hay varias fuerzas que podrían mantener elevada la inflación alimentaria en el largo plazo», señala el banco suizo, y destaca en primer lugar «las disrupciones climáticas para la producción de comida, incluyendo el impacto de eventos extremos, como olas de calor y el evento El Niño que se está desarrollando».
Este evento climático, que amenaza con ser el más intenso de la historia en los próximos meses, desata sequías en algunas partes del planeta, e inundaciones en otras, y está ahora en boca de todos los analistas que estudian los mercados de materias primas agrícolas por el impacto negativo que puede tener en la producción de recursos como el aceite de palma, el café, el cacao, el algodón, el trigo y el arroz, según destaca la plataforma de servicios financieros Marex.
Además de los fenómenos climáticos extremos, UBS destaca «la débil rentabilidad de las granjas, que limita las inversiones y su resiliencia; los mayores estándares de bienestar del ganado, que aumentan los costes de producción; el aumento de los costes laborales en toda la cadena de suministro de los alimentos y un crecimiento de la demanda que sigue por encima del de la oferta» como los argumentos que «contribuirán a un contexto de más inflación alimentaria».
En cuanto al gas natural, en Europa es un componente inflacionista especialmente sensible en este momento, con una subida de precios del 156% en 2026, desde los 28,16 euros por MW/h, hasta los 72,2 este viernes. Se trata del precio más alto que se ha pagado desde principios de 2023, en un momento en el que el Viejo Continente encara el final de la época de llenado de inventarios con los almacenes más bajos de los últimos cinco años.
La tecnología se suma a la ola
En las últimas décadas, los productos tecnológicos, como ordenadores o teléfonos móviles, han sido un componente desinflacionista casi constante, una tendencia que ha cambiado en 2026, con un repunte importante en los primeros seis meses de 2026. Según las cifras que publica la agencia Bloomberg, los precios que paga el consumidor en el sector de software y accesorios han pasado de vivir más de dos décadas de caídas casi constantes, a repuntar más del 10% anual en los meses previos al verano, un aumento relacionado con el repunte que están experimentando los precios para los productores, que han pasado de vivir una caída casi constante desde 1994, según los datos que recoge la Reserva Federal de San Luis, a experimentar un repunte sin precedentes en 2026: en siete meses, desde enero hasta julio, ha pasado de los 61 puntos hasta los 73,14, el nivel más alto desde el año 2007.
En el caso de la tecnología, el cierre de Ormuz no parece ser el principal motivo que está presionando a los precios al alza, aunque también está jugando un papel. La ola de inversión en la IA ha disparado la demanda de ciertos componentes tecnológicos y semiconductores, clave para el desarrollo de esta nueva tecnología, como la memoria RAM, que afecta a productos como los ordenadores, teléfonos inteligentes, televisiones o incluso los coches modernos. Según los analistas de Bloomberg Economics, el aumento interanual de las memorias ha sido del 237%, y estiman que el impacto alcanzará su punto más alto en febrero del año que viene.
Además de la IA, Ormuz también está afectando a los costes de producción de la industria tecnológica. El Banco de Pagos Internacionales destaca, en el boletín publicado el 5 de agosto, cómo «el Estrecho es un punto crítico para otras materias primas no energéticas, como los fertilizantes, esenciales para la producción de alimentos, y el helio, un agente enfriador utilizado en la producción de semiconductores», explica el BIS.
El aumento de los costes de la energía también se traslada a los productores tecnológicos y amenazan con acabar castigando aún más al bolsillo de los consumidores.