El alivio en el mercado de deuda que ha conseguido generar el Tesoro estadounidense tras anunciar esta semana que duplicará la cantidad de recompras de bonos de largo plazo no ha durado mucho. La decisión del organismo generó un repunte importante de los bonos estadounidenses, y la rentabilidad del título con vencimiento a 10 años pasó del 4,68% al entorno del 4,63%, una caída de cinco puntos básicos el miércoles. Sin embargo, un día después el título ha vuelto a los niveles previos al rescate, y confirma que la presión de los inversores no amaina.
Los mercados parecen tener claro que las recompras de bonos de largo plazo por parte del Tesoro no van a ser suficientes para contener la presión vendedora en los próximos meses. El plan de Scott Bessent, el secretario del Tesoro estadounidense, consiste en aumentar las compras de su propia deuda de más largo plazo, la más está sufriendo en las últimas sesiones, en un mecanismo que recuerda a la ‘operación Twist’ de la Fed de 2011.
Ahora la Fed no cumplirá un papel en la operación actual del Tesoro (al menos hasta nueva orden), y todo apunta a que el organismo llevará acabo una estrategia de control de curva con la que comprará deuda de largo plazo financiándose con bonos de corto plazo. Sin embargo, hay analistas no creen que esto vaya a tener resultado, con una situación estructural de déficit que sigue siendo la losa que más pesa en el mercado de renta fija soberana.
De ahí que la reacción de los inversores a la intervención del Tesoro haya sido muy corta, y este mismo jueves el bono ya ha borrado todo lo que ganó ayer con el anuncio de la decisión. El bono estadounidense con vencimiento a 10 años ha vuelto al 4,68% apenas un día después del anuncio de las mayores recompras por parte del Tesoro.
Este jueves se ha producido un hito que refleja claramente el problema de fondo: la deuda pública de Estados Unidos ha superado, por primera vez en la historia, los 40 billones de dólares, y con una senda de déficit que no se espera que se solucione a medio plazo, es muy complicado que la presión vendedora en los bonos estadounidenses amaine.
Sobre la capacidad del Tesoro de calmar al mercado con su última intervención, Eoin Walsh, socio y gestor de carteras de Vontobel, explica cómo «el rally inicial ha sido poco sorprendente, teniendo en cuenta la naturaleza del anuncio, pero el foco se ha girado rápidamente hacia los motivos que han llevado al Tesoro a tomar esta decisión, y a si tendrá un impacto de largo plazo», explica Walsh. «El timing de la decisión sugiere que la administración Trump está sintiendo la presión de los tipos, con las elecciones de medio mandato en el horizonte», señala Walsh.
El déficit da lugar a más déficit
Esto da lugar a una situación conocida como el «loop maldito», en el que el déficit da lugar a más déficit: a medida que los inversores aumentan la exigencia de compensación a la deuda estadounidense por el elevado endeudamiento, el Tesoro necesita aún más deuda para pagar los intereses. Ahora, en lo que va de año fiscal, el coste de intereses para Estados Unidos ha alcanzado los 1,17 billones de dólares, un aumento del 15% frente al mismo periodo del año pasado, según los datos que recoge la agencia Bloomberg, y ya son la tercera partida más grande del presupuesto público estadounidense.
Lo que queda claro es que los inversores no están comprando la estrategia de Bessent, de aliviar la presión del bono a largo plazo con emisiones de deuda a corto. «El presupuesto federal es el enemigo interno», explica Douglas Holtz-Eakin, presidente del Foro de Acción Americana y ex director de la Oficina Presupuestaria del Congreso estadounidense. «Es la mayor amenaza a los cimientos del progreso económico, de la situación internacional de la economía estadounidense y de la seguridad nacional. El único motivo que podría llevar al optimismo son acciones escritas en tinta roja [en el sentido de recortes de gasto], y no estamos viendo esas acciones», advierte Holtz-Eakin.
No hay que olvidar que Scott Bessent llegó a la presidencia con la promesa de reducir el déficit hasta el 3% al final del segundo mandato de Donald Trump, y la propia Oficina Presupuestaria del Congreso espera déficits presupuestarios el doble de altos en los próximos años. El Fondo Monetario Internacional es aún más pesimista, con expectativas de un déficit del entorno del 7,5%, todos los años, al menos, hasta 2029.
Las agencias de calificación no han sido ajenas a esta situación en los últimos años, y las advertencias llegan desde hace tiempo, pero los gobiernos han sido incapaces de reducir el déficit presupuestario. «Los gobiernos no han tomado medidas significativas para enfrentarse a los grandes déficits fiscales», explicó el pasado 13 de agosto Fitch, en su última revisión de calificación de la deuda de Estados Unidos. «La presión del gasto público se va a acumular en la próxima década, debido a una población cada vez más envejecida», advierte la agencia, y señala cómo el país va a ser «vulnerable a shocks económicos en el futuro» a medida que aumenta el nivel de deuda.