El fenómeno el Niño vuelve con más fuerza que nunca en el peor momento posible y se suma a los problemas para las materias primas

El fenómeno el Niño vuelve con más fuerza que nunca en el peor momento posible y se suma a los problemas para las materias primas

El fenómeno climático conocido como El Niño ha regresado y en esta ocasión amenaza con volver con más fuerza que nunca. Es la primera vez desde 2023 en la que se produce este evento, y ahora la Agencia Meteorológica de Japón confirma su regreso y abre la posibilidad de que su virulencia sea la más fuerte que se ha registrado nunca. Se trata de un fenómeno que se produce por un calentamiento anómalo de las aguas del Océano Pacífico, y tiene consecuencias meteorológicas en todo el planeta que impactan en las materias primas, por generar sequías fuera de lo común e inundaciones en distintas partes del mundo. El regreso de El Niño se produce en un muy mal momento para la economía y los mercados globales, que siguen lidiando con las consecuencias de la guerra de Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz.

Oficialmente se considera que El Niño se produce cuando la temperatura del Pacífico aumenta por encima de medio grado centígrado frente a la media registrada entre 1991 y 2020, algo que ha ocurrido en 22 ocasiones desde 1950, según los datos que recoge la Oficina de Predicción del Clima de la Administración estadounidense dedicada al estudio de los océanos y la atmósfera.

De media, ocurre entre cada 2 y 7 años de forma aleatoria, y su intensidad no siempre es la misma. Cuando el aumento de la temperatura es de más de 2 grados por encima de la media, se considera un fenómeno de especial intensidad, también conocido como el Súper Niño. Y este año, los expertos de la Oficina de Predicción del Clima apuntan a que puede ser el más intenso que se ha vivido en toda la historia, un fenómeno que ahora advierten que apunta a extenderse durante el año 2027. De los 22 fenómenos de El Niño que se han producido desde 1950, solo en siete ocasiones se ha confirmado un Súper Niño. El último que se produjo fue entre los años 2015 y 2016.

No se trata de un fenómeno de calentamiento aislado, ya que forma parte de un ciclo climático habitual, conocido como ENSO (El Niño-Southern Oscillation). Este ciclo varía entre periodos de una temperatura del Pacífico anómalamente alta, y otros de un frío fuera de lo común; estos últimos se conocen como La Niña, y entre los ciclos de temperaturas anómalas, se producen períodos neutros. Habitualmente, tanto El Niño como La Niña ganan intensidad a lo largo del año hasta que tocan techo en diciembre y enero, y poco a poco se va moderando su potencia.

Aunque los científicos han planteado modelos que plantean que El Niño será un fenómeno cada vez más común como consecuencia del calentamiento global, no hay un consenso claro sobre esto, ya que, entre otras cosas la mayor parte del siglo XXI ha estado dominado por fenómenos de La Niña. Eso, como explica la agencia Bloomberg, demuestra hasta qué punto los científicos todavía tienen un desconocimiento importante sobre el ciclo ENSO.

Las consecuencias de El Niño

Aunque El Niño es un fenómeno climático que se origina en el Océano Pacífico, sus consecuencias se dejan sentir en el mundo entero. La meteorología se vuelve impredecible por el fenómeno, con cambios tan importantes como, por ejemplo, revertir la dirección habitual de los vientos y que pasen de una dirección este a oeste a la contraria.

Hay que tener en cuenta que se trata de un fenómeno de impacto global, ya que la magnitud del Océano Pacífico hace que, cuando este se calienta en exceso, afecte a la atmósfera de todo el planeta. De ahí que haya también una relación entre El Niño y cambios bruscos en los patrones de lluvias, tormentas y también de huracanes que, en este último caso, tienden a reducirse en frecuencia.

Si bien su relación con el cambio climático no es clara, El Niño suele desembocar en temperaturas más altas de forma global, y ya hay estimaciones de la Administración Atmosférica y Oceánica de Estados Unidos que apuntan a que 2027 será el año más caluroso desde que hay registros de forma global, superando el récord anterior, registrado en 2024.

El problema para los agricultores y los mercados de materias primas en general es que los patrones meteorológicos habituales cambian, y se producen fuertes sequías prolongadas, o lo contrario, inundaciones, en distintos lugares del mundo. Esto es una disrupción muy complicada de solucionar por parte de los productores de algunas materias primas, y suele deteriorar la oferta, con la consecuente presión alcista para los precios.

Llega en un momento de tensión para los mercados

Y lo peor de que llegue El Niño en este momento, y especialmente uno de gran intensidad, es que se produce en un momento en el que los mercados ya están tensos, debido al impacto de la Guerra de Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz. Las subidas están siendo generalizadas para las materias primas, y el temor de muchos analistas es que el aumento de los precios de los recursos energéticos se termine contagiando a otros componentes de la cesta de inflación y materias primas.

Por ejemplo, el encarecimiento del diésel es un problema para los agricultores, que dependen de este combustible para usar su maquinaria, y eso puede tener un impacto alcista en los precios finales para los consumidores. Para hacerse una idea del impacto de la guerra este año, este tipo de combustible se ha encarecido casi un 65% en 2026, una de las materias primas que más ha sufrido el cierre del Estrecho de Ormuz, y que puede contagiarse a otros recursos agrícolas.

El encarecimiento de los fertilizantes es otro problema que amenaza las materias primas agrícolas, y ahora el mercado y los consumidores se van a tener que enfrentar al impacto de El Niño, lo cual puede empeorar todavía más la situación en los próximos meses. Tanto las sequías como las inundaciones y, en general, el cambio de condiciones climáticas, afectan negativamente a la producción de aceite de palma, café, cacao, algodón, trigo y arroz, según explica la plataforma de servicios financieros Marex.

En India, por ejemplo, un monzón con menos lluvia debido a El Niño tiende a reducir la cosecha de arroz, algodón y soja; en África, las sequías castigan la producción de maíz y de cacao; en Australia, la sequía y el mayor riesgo de incendios son una amenaza para la producción de trigo, entre otras cosechas; mientras que la sequía que suele llegar a zonas de América del Sur como Brasil y Colombia estropea las cosechas de café.

Además de todo lo anterior, desde la agencia Bloomberg también destacan cómo la pesca, en general, se ve también muy afectada, ya que hay especies como las anchoas, que buscan aguas más frías y se sumergen a mayor profundidad, complicando y encareciendo su captura. Otras especies dificultan la pesca al moverse a regiones que normalmente son demasiado frías.

Por el contrario, no son muchas las cosechas que se ven beneficiadas por El Niño. A destacar, la producción de aguacates en California suele mejorar por un aumento de las lluvias en la región, algo que también ocurre con las almendras.

En general, El Niño es un evento muy disruptivo y negativo para la producción de materias primas, lo cual puede ser un problema añadido a las tensiones inflacionistas en los próximos meses. Y no es baladí: un aumento de la inflación puede forzar a los bancos centrales a aumentar los tipos por encima de lo esperado, con las consecuencias negativas que eso genera en el crecimiento y la actividad económica.

Y, más allá del impacto económico directo que puede tener, no se puede descartar que El Niño también pueda contribuir a aumentar las tensiones geopolíticas en el mundo. Thomas Mucha, estratega geopolítico de Wellington Management, explicó en mayo en una entrevista con elEconomista.es cómo «el cambio climático está añadiendo nuevas tensiones al contexto geopolítico existente, particularmente en áreas en las que golpea más fuerte: el ecuador, los trópicos… y cuando hablo con el Pentágono y la CIA, están enfocados en eso, porque es en estas zonas donde se dan la mayor parte de problemas geopolíticos», explica.

En este sentido, el aumento de las tensiones geopolíticas en estas regiones encaja con las zonas que se ven más castigadas económicamente por el impacto de El Niño. En 2023, Justin Mankin, entonces profesor de geografía, y Christopher Callahan, doctorando en la universidad de Dartmouth, New Hampshire, publicaron un estudio en la revista Science con el que analizaban el impacto económico de El Niño en el mundo: su conclusión fue que generó un daño económico de entre 4,1 y 5,7 billones de dólares en todo el mundo tras los fenómenos de 1982-1983 y 1997-98, con el mayor impacto negativo en el PIB per cápita concentrado en el hemisferio sur y zonas cercanas al ecuador. La región productora de cacao en África Occidental, por ejemplo, es de las más afectadas, de forma similar a Perú, Ecuador y países como Malasia, Indonesia, Filipinas y zonas del sudeste asiático.

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