No hay crisis del petróleo sin recesión, pero EEUU puede esquivar la maldición del oro negro

No hay crisis del petróleo sin recesión, pero EEUU puede esquivar la maldición del oro negro

Después de una crisis del petróleo, ¿cuándo llega la recesión? Desde la década de los setenta, todas las recesiones económicas en EEUU han venido precedidas de una fuerte subida del precio del crudo, incluso en episodios como la crisis financiera de 2008, donde causa y consecuencia no parecen tan evidentes. Cuando sube el precio del petróleo, funciona para la economía como una profecía autocumplida. Los consumidores reducen su renta disponible al elevarse los costes de producción y transporte de los productos. La economía responde con un aumento de la inflación que presiona a los bancos centrales a subir los tipos, con lo que además se encarece la financiación para hogares y empresas. Los mayores costes de los créditos y la caída de la renta disponible se trasladan a un recorte del consumo y la inversión, lo que termina abriendo las puertas de la recesión.

Las crisis del petróleo terminan mal para la economía. Todas menos una de las once recesiones de la posguerra en EEUU estuvieron precedidas de una subida del petróleo. En todas, aunque el coste del crudo no fuera el motivo principal, hay un fuerte encarecimiento de la materia prima. Solo existe la excepción de 1960. En aquella ocasión, el petróleo se mantuvo en niveles discretos y a los culpables hay que buscarlos en un final de ciclo con un enfriamiento de la demanda interna y varios pasos en falso de la Fed para contener la inflación.

Tres meses después del comienzo de la guerra de EEUU e Israel contra Irán y a pesar de que el petróleo ha amagado con instalarse por encima de los 100 dólares en varias ocasiones, a la recesión no se la espera en la primera economía del mundo. Otra cosa es la debilidad que manifiesta la vieja Europa, pero el PIB estadounidense crece a un ritmo del 2%. Y hay una sensación de euforia pese al conflicto que provoca un clima de optimismo. Wall Street está conquistando récord tras récord. Incluso tras el traspié de la guerra, el S&P 500 ha olvidado rápidamente el golpe que puede traer el conflicto y se ha centrado de nuevo en lo que tiene en casa. Esto responde a unos resultados empresariales que no dejan de crecer y, en segunda instancia, a una revolución tecnológica como la IA que promete que los ingresos sigan desafiando la lógica recesiva.

La National Bureau of Economic Research (NBER, Oficina Nacional de Investigación Económica), el organismo no oficial que hace oficiales las recesiones en EEUU, calcula que la economía puede entrar en barrena a los pocos meses, como sucedió en la primera crisis del petróleo de los setenta o en la invasión de Irak, o dar un golpe en diferido y que el PIB no empiece a caer hasta dieciséis meses después, como pasó con la segunda crisis del petróleo en los setenta. El primer shock para el mercado del crudo ocurrió con la Revolución iraní en octubre de 1978. El panorama económico no se empezó a complicar hasta principios de los ochenta.

El economista estadounidense James Hamilton es una eminencia sobre el petróleo y su relación con las recesiones. «La relación entre los shocks del petróleo y las recesiones es demasiado estrecha como para atribuirla a una simple coincidencia», suele comentar en sus trabajos el profesor de la Universidad de California. «Uno de los canales más visibles del daño económico tras un shock petrolero es el desplome del gasto en automóviles», señala, apuntando al consumo como la pista a seguir sobre cuándo puede aparecer el fantasma de la recesión.

De momento, ni la bolsa afloja, ni las empresas entran en modo pánico, ni los datos asustan, mientras la tesis de que EEUU esquivará la recesión gana enteros. Uno de los puntos débiles de la economía para abrir ese escenario es el empleo. Así explica el FMI la vinculación del petróleo con el mercado laboral: «Cuando hay perturbaciones en la oferta de petróleo, hay una repercusión inmediata en los mercados laborales y no solo afecta a los sectores energéticos; incluso aquellos que tienen una dependencia moderada experimentan pérdidas de empleo algo más tardías, pero duraderas; ningún sector laboral está protegido».

Líneas rojas

El equipo de RBC Economics confía en que EEUU esquive la recesión. «Estimamos que se necesitaría la pérdida de casi un millón de empleos para generar riesgos de recesión. Esa cifra elevaría la tasa de desempleo lo suficiente como para activar la regla de Sahm en diciembre. Históricamente, esta regla indica que las recesiones se desencadenan cuando el promedio móvil de tres meses de la tasa de desempleo nacional aumenta 0,5 puntos porcentuales o más con respecto a su mínimo en los 12 meses anteriores».

La clave para un efecto llamada de la recesión está en los movimientos de la Fed para contener los precios y el propio nivel del petróleo en los mercados. Moody’s cree que los precios del Brent deberían superar los 125 dólares el barril de forma continuada para generar, debido a esto, una «leve recesión». De momento, aunque los precios se han elevado de forma considerable, no han superado esa línea roja.

BNP Paribas va un paso más allá y dice que una cifra clara que activaría la recesión es el petróleo a 200 dólares. Sin embargo, advierte que, con el barril superando los 100 dólares, «ya hay posibilidad de que se alcance una recesión técnica». La Fed se ha mostrado cautelosa en todo este tiempo y, de momento, mantiene sus expectativas de inflación «bien ancladas». Mientras el petróleo se mantenga en niveles prudentes, la Fed podrá evitar pisar el acelerador y esquivar una subida de tipos que empuje a la economía a la recesión.

Oxford Economics dice que no hay que obsesionarse con el precio diario, sino con las medias mensuales y trimestrales: en su simulación, si el Brent promedia 100 dólares durante dos meses, el daño sería de solo unas décimas sobre el crecimiento global y se evitarían recesiones; en cambio, si promedia 140 dólares durante dos meses, junto con un endurecimiento financiero y más disrupciones, entonces sí habría recesiones leves en parte del mundo y EEUU sufriría una caída temporal del PIB.

Pero hay una variable a tener en cuenta en las comparaciones históricas. EEUU es hoy mucho menos vulnerable al petróleo que en los setenta. Stephen Jen, de Eurizon SLJ, sostiene que la economía global es menos intensiva en petróleo y que, en el caso de EEUU, un shock del 50% en el crudo tendría hoy un impacto negativo sobre el PIB de alrededor del 0,2% en ocho trimestres, frente al 1,0% de los años setenta. También afirma que EEUU es ahora aproximadamente la mitad de sensible que Europa o Asia a las subidas del crudo, en parte por el shale y por su amplia autosuficiencia en hidrocarburos, y que solo con precios mucho más extremos, cerca de los 200 dólares, el riesgo de recesión pasaría a dominar claramente.

¿Cómo puede ser el golpe para tumbar a la economía?

Desde Bravos Research comentan que el motivo por el que se suele llegar a cambios muy importantes de paradigma es que un cambio rápido y contundente de los precios energéticos obliga a una revisión profunda del pensamiento empresarial, en particular del sector tecnológico. «Hay una lógica bastante simple: la energía es la capa base de toda la economía; cuando sus precios suben rápidamente, el impacto se propaga a través del transporte, la manufactura y la logística, y las empresas reevalúan sus expectativas de crecimiento», comentan desde la consultora.

La presión inflacionista aparece por todas partes y provoca una respuesta de los bancos centrales. Por ello, cuando la marea baja, se sabe quién estaba nadando desnudo, como dijo Warren Buffett. Para el Oráculo de Omaha, no es tanto que el petróleo pueda provocar una crisis financiera en sí mismo, sino cómo salen a flote las debilidades económicas.

Esto se ve claramente en la crisis de las puntocom y en la crisis de Lehman Brothers. Empezando por la primera, en aquel momento se produjo una gran subida del precio del petróleo, que casi se triplicó, desde los 15 dólares el barril hasta los 35 dólares. El motivo fue múltiple: por un lado, el crudo venía de un entorno de precios excesivamente bajos debido a una OPEP que producía a pleno pulmón y a una crisis general en Asia que drenó la demanda.

Sin embargo, los países de Oriente se recuperaron y, en aquel momento, una OPEP temerosa de perder el control del mercado comenzó a recortar la producción a un ritmo de vértigo, en un movimiento liderado por Arabia Saudí y la entonces poderosa Venezuela. Ambos países acordaron reducir en 1,7 millones de barriles la producción hasta recuperar lo que consideraban precios sostenibles. Este fue el cóctel que provocó esta subida repentina en menos de dos años.

Durante la crisis de Lehman Brothers el barril pasó de un rango 70-90 dólares a 147 dólares

Esta situación sorprendió al famoso Alan Greenspan al frente de la Reserva Federal, y la subida del petróleo provocó que el IPC pasase del 1,6% al 3,5% en un año y medio. Esto llevó a que su administración subiera los tipos de interés desde el 4,75% hasta el 6,5% en su punto más alto en el año 2000, una subida de 1,75 puntos porcentuales que no solo se debió a la mencionada crisis petrolera, sino también a una economía sobrecalentada por un fuerte crecimiento que resultaba inexplicable sin una tecnología disparada.

En la crisis de Lehman Brothers, el precio del barril tuvo un impacto incluso más grande y directo. En menos de un año, el barril pasó, en un rango volátil, de estar entre los 70 y 90 dólares a superar los 147 dólares en 2008, teniendo en cuenta que en 2005 había estado en los 50 dólares y en 2003 en los 30 dólares. El motivo fundamental, más que la OPEP, fue la entrada de China y, en menor medida, de la India en el sistema mundial, con un crecimiento masivo que disparó la demanda. También hubo problemas en Oriente Medio, precisamente con Irán, pues empezó la disputa con este país por su programa nuclear y el régimen de los ayatolás comenzó a amenazar con cerrar el estrecho de Ormuz.

En aquel momento, el presidente de la Fed era Ben Bernanke, quien ocupaba el cargo desde 2006. Había heredado unos tipos muy bajos (menos del 1%) porque, tras la crisis de las puntocom, la Fed había optado por abaratar el precio del dinero para fomentar un efecto rebote y acabar con la recesión en tiempo récord, cosa que se consiguió. Sin embargo, este crédito fácil sentó las bases de la crisis, con el crecimiento de hipotecas peligrosas como las subprime, ocultas bajo instrumentos financieros complejos. Ante la subida del petróleo ya desde 2004, el precio del dinero pasó del 1% a más del 5% cuando Bernanke asumió el cargo en 2006. El nuevo presidente optó por mantener los tipos en esos niveles, lo que se convirtió en uno de los factores que permitió que todo acabara estallando.

Desde Bravos comentan que el impacto podría ser importante para un Wall Street con un enorme gasto en IA. «Empresas como Google, Meta o Amazon, que han invertido tanto en infraestructura para esta tecnología, podrían tener que reducir sus márgenes debido a los costes y alterar sus prioridades de gasto, extendiendo el golpe a empresas como Nvidia o a cualquiera de semiconductores». Esto podría tener implicaciones mucho más importantes de lo que parece, pues en un reciente informe de Goldman Sachs se remarca que este sector ya supone un 40% del S&P 500, el nivel de concentración más alto de la historia.

Esa relación entre los mayores costes de la energía y la inteligencia artificial como desencadenantes de la recesión es algo que ha señalado el propio Jamie Dimon, presidente de JP Morgan. El directivo dijo que «las recesiones más graves siempre han estado precedidas de aumentos en los precios del petróleo». Según Dimon, «el problema principal es que una inflación elevada provocaría una subida de tipos y, con ello, una revisión de los activos que llevaría a una caída de los mismos». Esto afectaría desproporcionadamente a ese sector tech que es la punta de lanza del crecimiento económico, y conduciría a la mencionada recesión.

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