Después de que Donald sorprendiera amenazando al Reino Unido con retirar su apoyo diplomático histórico en cuanto a su soberanía sobre las islas Malvinas y el presidente argentino, Javier Milei, se prestara a aprovechar la circunstancia y su buena relación con Trump para avanzar en lo referente a hacerse con la soberanía del archipiélago, el Reino Unido ha endurecido su discurso sobre su soberanía de las islas Falkland, que es como los británicos llaman a las Malvinas.
El jefe de la Real Fuerza Aérea británica (RAF), Harv Smyth, ha señalado que el Reino Unido se encuentra «en máxima alerta y listo» para defender las Falklands «en cualquier momento», en declaraciones publicadas por el diario The Times, que reafirman la postura militar de las auroridades británicas sobre las islas tras la filtración del memorando interno del Pentágono que contemplaba revisar el respaldo histórico estadounidense a la soberanía británica sobre el territorio. Smyth asegura que el rol de la RAF en la defensa del territorio es «innegociable», una formulación que recoge el endurecimiento del discurso militar británico en el último tramo de la crisis diplomática.
La base de la RAF en Mount Pleasant, en la isla malvina de Soledad, mantiene actualmente cuatro cazas Eurofighter Typhoon en disposición de Alerta de Reacción Rápida, junto con baterías Sky Sabre de misiles tierra-aire. El despliegue militar británico en el Atlántico Sur asciende a entre 1.300 y 1.700 efectivos del Ejército, la Royal Navy y la propia RAF, complementados con unos cuarenta voluntarios locales que integran la Falkland Islands Defence Force (FIDF), mantiene la prensa malvina. El HMS Medway asumió en enero el rol de buque guardacostas del archipiélago, en relevo del HMS Forth. La cobertura defensiva británica se extiende también a Georgia del Sur, las Islas Sandwich del Sur y otros territorios del Atlántico Sur.
«Hoy, en el Reino Unido y en lugares tan distantes como Oriente Medio, la RAF está en máxima alerta y lista para defender nuestro país en cualquier momento», afirmó Harv Smyth, que reconoció que recientemente ha sido interceptado un bombardero ruso Tupolev Tu-95 Bear que se aproximaba al espacio aéreo británico desde el norte, y la actual misión de patrullaje aéreo reforzado de la OTAN en Rumania.
Menos tensión gracias a Carlos III
Las declaraciones del jefe de la RAF coinciden con un cambio de tono de Washington tras la visita de Estado del rey Carlos III. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, restó importancia a la filtración del memorando elaborado por el subsecretario de Política del Pentágono, Elbridge Colby, en declaraciones a The Sun. «La gente se está sobreexcitando por un correo electrónico. Era solo un email con algunas ideas», afirmó Rubio.
La Casa Blanca había evitado pronunciamientos formales sobre la propuesta durante la estadía del monarca británico en Washington. El primer ministro Keir Starmer optó por no plantear directamente la cuestión de las MAlvinas en su última conversación telefónica con el presidente Donald Trump, según fuentes citadas por la prensa británica, en lo que diversos analistas interpretaron como una decisión orientada a no escalar la crisis durante la visita real.
La filtración del documento, publicado por la agencia Reuters el 25 de abril, había desatado una serie de respuestas firmes en Londres y un endurecimiento de la retórica de Buenos Aires. El presidente Javier Milei reiteró que las Malvinas «fueron, son y siempre serán argentinas», y el canciller Pablo Quirno llamó a poner fin a lo que describió como «colonialismo» británico, exigiendo la reanudación de negociaciones bilaterales.
El Reino Unido, por su parte, respondió reafirmando que la soberanía «recae en el Reino Unido» e invocó el referéndum de 2013, en el cual el 99,8% de los habitantes de las islas votaron por mantener su estatus como Territorio Británico de Ultramar, una consulta que Argentina nunca reconoció como válida.
«Vuelvan a Inglaterra» si «se sienten ingleses»
La disputa por la soberanía de las Malvinas regresó al centro de la agenda diplomática esta semana con dos elementos de impacto inmediato: las declaraciones de la vicepresidenta argentina, Victoria Villarruel, exigiendo que los habitantes del archipiélago «vuelvan a Inglaterra» si «se sienten ingleses» y la revelación, publicada por The Telegraph, de que Estados Unidos habría presionado al gobierno británico para tolerar la entrega a Argentina de cazas F-16 procedentes de territorio aliado.
Las declaraciones de la vicepresidenta surgieron de una serie de publicaciones en la red social X. «Hoy más que nunca, las Malvinas son argentinas», escribió en respuesta al documento del Pentágono. En un mensaje posterior, sostuvo que «la discusión sobre la soberanía de nuestras islas es entre estados, por lo cual el Reino Unido debe discutir bilateralmente con Argentina el reclamo que sostenemos por razones jurídicas, históricas y geográficas». Ante un usuario que sostuvo que los isleños son argentinos, Villarruel replicó: «Si se sienten ingleses, que vuelvan a los miles de kilómetros de distancia donde está su país». Las palabras se enmarcan en una doctrina diplomática argentina histórica que considera a la población actual del archipiélago como población trasplantada después de 1833 y, por lo tanto, sin un rol legítimo como tercera parte en la disputa.
La oposición conservadora británica cha cerrado filas con el gobierno laborista. La líder del Partido Conservador, Kemi Badenoch, calificó las posiciones atribuidas a la administración Trump como «una absoluta tontería» y recordó que «la soberanía es soberanía británica». Desde el partido Reform UK, su líder Nigel Farage anunció que viajará a Argentina en otoño boreal para transmitir personalmente al presidente Javier Milei que la cuestión es «innegociable». El canciller argentino, Pablo Quirno, reiteró por su parte la disposición de Buenos Aires a «retomar negociaciones bilaterales con el Reino Unido que permitan encontrar una solución pacífica y definitiva».
La Guerra de las Malvinas de 1982 dejó 649 soldados argentinos, 255 británicos y tres civiles isleños muertos. En aquel conflicto, la administración del entonces presidente estadounidense Ronald Reagan respaldó a la primera ministra británica Margaret Thatcher, un antecedente de extraordinaria relevancia ante la posibilidad de que la actual Casa Blanca revierta esa posición histórica.