Del dicho al hecho hay un Estrecho: las navieras desconfían de la apertura de Ormuz

Del dicho al hecho hay un Estrecho: las navieras desconfían de la apertura de Ormuz

El anuncio de la reapertura del Estrecho de Ormuz por parte de Irán ha tenido un efecto directo en los mercados, con fuertes subidas de las bolsas y los precios de los bonos y caídas importantes para las principales materias primas energéticas, como el petróleo y el gas natural. Sin embargo, del dicho al hecho hay, en este caso, un Estrecho, y las navieras admiten esta tarde que no tienen intención de lanzarse a comprobar si el paso de Ormuz es seguro. Los riesgos son todavía altos, sin que se haya despejado todavía la incertidumbre de una posible zona minada en el mar, y el anuncio y confirmación por parte de las dos potencias no es suficiente garantía para que los buques vuelvan a transitar. Así lo reconocen las empresas, y hay que recordar que la cuestión de los seguros es otra a resolver antes de que se vuelva a atravesar Ormuz.

Los propietarios de los grandes buques comerciales que transitan por el Golfo Pérsico y tienen que pasar por el Estrecho de Ormuz no han lanzado las campanas al vuelo tras el anuncio de la reapertura que ha hecho Irán esta tarde. La agencia Bloomberg ha contactado con más de una docena de navieras, agentes, y brókeres con interés en la región, y destaca cómo la gran mayoría es todavía escéptica con la posibilidad de que el tránsito por la zona sea seguro. La realidad es que, en las horas inmediatamente posteriores al anuncio, no hay señales de buques que hayan pasado por el Estrecho.

«¿Quién querría ser el primer pingüino que se lanza del hielo para probar cómo está el agua?», explica una naviera a la agencia esta misma tarde. Es una buena metáfora, en un momento en el que pasar por esta zona puede ser peligroso, por el riesgo de minas en algunas partes del Estrecho. Distintas fuentes de la agencia reconocen que esta es una gran preocupación, y se apunta a las aguas que pasan por la ruta más cercana a Omán como la zona más probable en la que todavía queden estos explosivos. El último comentario de Trump al respecto no es tranquilizador, al señalar que Irán «ha retirado, o está retirando» las minas del Estrecho «con ayuda de Estados Unidos», ha señalado el presidente en redes sociales.

Sin embargo, Jakob Larsen, responsable de seguridad de BIMCO, la mayor asociación internacional de transporte marítimo del mundo, explica que el anuncio del presidente norteamericano de que el Estrecho está totalmente abierto es «inexacto». «El estado de las amenazas por minas es poco claro y BIMCO considera que las navieras deben considerar evitar la zona», explica Larsen a la agencia. En el mismo sentido, desde el Operativo de Comercio Marítimo de Reino Unido, que funciona como enlace entre la armada británica y las navieras del país, han advertido que «la seguridad en la región sigue siendo volátil, con actividad militar y una continua amenaza a los envíos comerciales», explican.

Otras navieras plantean la cuestión de los seguros para poder reabrir el Estrecho. Daniel Lacalle, economista jefe de Tressis Gestión, ya explicó a elEconomista.es hace dos semanas cómo «el Estrecho lo cierra Lloyds», en referencia a la asociación de aseguradoras, y ahora las navieras confirman que no es tan sencillo, ni tan rápido, poder pasar por Ormuz por mucho que lo consideren abierto los bandos enfrentados, sin antes cerrar sus acuerdos con los seguros. Las fuentes consultadas por la agencia señalan que van a empezar a negociar los precios para cubrir su tránsito, mientras otras navieras admiten que las tarifas deberían caer antes de que se puedan plantear intentar cruzar el Estrecho.

«El mercado va a tratar este anuncio con optimismo cauto, pero no con una confianza total», explica a Bloomberg el Capital Farhad Patel, director de la Agencia de Comercio Marítimo Sharaf, una compañía que trabaja con navieras de la zona. «Si bien este movimiento puede ayudar a restablecer parte del movimiento de buques, y va a suavizar la presión inmediata en los flujos de energía, el entorno de operaciones sigue siendo muy controlado y muy sensible,» confirma.

El anuncio plantea dudas

El ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, ha asegurado este viernes que el paso para todos los buques comerciales por el estrecho de Ormuz quedaba «completamente abierto» durante el periodo restante del alto el fuego en Líbano. Sin embargo, Teherán añadía un pero: el tránsito deberá hacerse por una «ruta coordinada», es decir, bajo las condiciones fijadas por las autoridades iraníes.

Ahí es donde empieza la desconfianza de las navieras y del sector marítimo. Porque el estrecho no vuelve a las condiciones anteriores a la guerra, más bien supone una reapertura condicionada a las exigencias de Irán. Un alto cargo iraní ha explicado a la agencia Reuters que todos los buques deberán coordinar su paso con la Guardia Revolucionaria y que será Teherán quien determine qué corredores considera seguros. Las explicaciones suponen confirmar que las intenciones iraníes no son el libre tránsito.

La confusión ha aumentado con las declaraciones de Donald Trump. El presidente de EEUU celebró en redes que Ormuz estaba ya abierto y sugirió que un acuerdo más amplio con Irán podría llegar pronto, pero al mismo tiempo dejó claro que el bloqueo militar estadounidense sobre los barcos que navegan hacia y desde puertos iraníes seguía vigente. Irán anunciaba la apertura del estrecho, pero EEUU mantiene la presión militar y las restricciones sobre el terreno continúan. Además, Teherán ha advertido de que, si ese bloqueo persiste, podría volver a cerrar el paso, aunque luego aseguraba que se daban las condiciones para sentarse a negociar.

La disyuntiva que se plantea es abierto o cerrado, pero la realidad no deja de estar llena de grises y la reapertura de Ormuz se abre paso de una manera híbrida y peligrosa. Trump ya intentó el mes pasado organizar una coalición de escolta internacional para reabrir el paso. Alemania dejó claro que no participará militarmente y llegó a ironizar con qué podrían aportar «un puñado de fragatas europeas» que no pueda hacer ya la Marina de EEUU. Reino Unido y Francia, por su parte, rechazaron sumarse al bloqueo estadounidense sobre puertos iraníes y han optado por otro enfoque: preparar una misión defensiva y multinacional para restaurar la navegación, pero solo cuando las hostilidades remitan y al margen de los beligerantes.

El escenario de un Ormuz militarizado no se descarta, pero deben avanzar las negociaciones de paz antes de que sea posible que países se involucren en la seguridad del estrecho. De hecho, desde el lado iraní ya había un sistema rudimentario de paso.

Por su parte, EEUU activó a comienzos de marzo un paraguas de hasta 20.000 millones de dólares a través de una agencia gubernamental para respaldar el tráfico marítimo en el Golfo, y después Chubb se incorporó como socio principal del plan de reaseguro diseñado para cubrir a los petroleros que se atrevan a cruzar el estrecho.

De hecho, el mercado asegurador nunca desapareció del todo, pero sí se volvió prohibitivo y mucho más selectivo. Reuters informó ya en marzo de que algunas pólizas de guerra fueron canceladas tras los primeros ataques y que, aun manteniéndose coberturas en el mercado de Londres, las primas adicionales por riesgo bélico se dispararon desde el entorno del 0,25% del valor del buque hasta niveles de 1%-1,5% e incluso 3% en algunos casos. Para un petrolero valorado en 250 millones de dólares, eso equivale a pasar de una factura de unos 625.000 dólares a varios millones por trayecto. Es decir, el seguro sigue existiendo, pero a precios y bajo unas condiciones que reflejan que el estrecho continúa tratado como zona de guerra intransitable.

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