Más de un tercio de la mano de obra en España supera los 50 años y ya duplica a la menor de 30

Más de un tercio de la mano de obra en España supera los 50 años y ya duplica a la menor de 30

España cierra el año con un récord histórico de mano de obra –personas que trabajan o buscan un empleo– con una edad que supera los 50 años. Según la última Encuesta de Población Activa (EPA) suman 8,8 millones de activos, un 35,1% del total, y más del doble de los menores de 30 años, que apenas suman 4,3 millones, un 17,1% del total. Se consuma así una ‘inversión’ de la pirámide demográfica laboral que ni siquiera la inmigración ha logrado revertir y que plantea un escenario inédito de cara a 2026.

La situación es especialmente intensa en las administraciones públicas, donde el porcentaje supera el 50%, pero en el sector privado también ocurre, con el empleo doméstico registrando un 45,7%, seguido del inmobiliario (42,5%). Eso sí, los datos ponen de manifiesto que los veteranos suponen el 43% de las personas que llevan buscando empleo más de un año.

A lo largo del último año se ha avanzado en la sensibilización sobre la situación laboral de los seniors. Pero esta cuestión se articula en el ámbito más «social», sin que las empresas –que a fin de cuentas son las que contratan o despiden– terminen de ser conscientes del riesgo que esto implica para su actividad.

Ahí tenemos el ejemplo de los ajustes de plantilla de grandes empresas, que siguen poniendo el foco en los veteranos a través de generosas ‘prejubilaciones’, a pesar de que esta fórmula es cada vez menos rentable y utilizada. Por otro lado, el hecho de que los mayores de 55 años sean el grupo de edad más numeroso de parados ha reabierto el debate sobre si las prestaciones y subsidios por desempleo, más que una ayuda mientras buscan empleo, suponen un desincentivo que los aleja aún más del mercado laboral, según señalaba la OCDE en su último informe para España.

Si acudimos a los datos de la EPA, se confirma que en el último cuarto de siglo los mayores de 50 años han pasado de representar el 18% de los activos al 35,1%, los menores de 30 años han retrocedido del 28,8% al 17,1% y la franja intermedia se ha recortado del 52,7% al 47,7%. Esta evolución refleja el envejecimiento de la población, pero también un cambio en la situación profesional de estas personas.

Pero la misma institución denunciaba que la «discriminación» por edad es un problema para «activar» a los trabajadores de mayor edad. «Prejuicios» sobre su productividad o su mayor absentismo hacen que las empresas prefieran buscar trabajadores más jóvenes (que no encuentran) o extranjeros, que muchas veces no pueden cubrir los puestos que exigen mayor cualificación.

El informe es novedoso a la hora de diagnosticar el edadismo como un lastre para la economía, cuando habitualmente se pone el foco en la factura que supone en materia de pensiones. Pero las políticas para retrasar el retiro, ya sea voluntario o involuntario, no tienen sentido sin responder antes a la pregunta: ¿quién contrata a las personas que se aproximan a la edad de jubilación?

Los diferentes sectores económicos tienen un peso muy desigual de la mano de obra senior. Descontando el sector público, el empleo doméstico y el inmobiliario superan el 40%, mientras que la hostelería solo cuenta con un 26% y el sector TIC con un 23%. Esto apunta a que el modelo productivo tiene urgencias muy diferentes para adaptarse a una mano de obra de edad cada vez mayor, lo que complica diseñar una respuesta política a un problema que no solo afecta a los seniors.

Un sándwich de precariedad

Si tomamos como referencia solo a los parados, tenemos que han pasado de representar el 11,1% del total al 30,1% (aunque su peso entre los parados de larga duración, como hemos visto, es mucho mayor). Entre los ocupados han pasado de suponer un 19,2% a un 35,6%. Ambas cifras se sitúan en máximos históricos, pero la disparidad en el ritmo de incremento apunta a que su peso en el empleo se ha visto contrarrestado por un incremento de las posibilidades de verse sin trabajo en los últimos años de carrera, algo que condiciona muchas decisiones personales y profesionales a largo plazo incluso entre los trabajadores más jóvenes, que ven peores expectativas de mejora de su situación a largo plazo que generaciones anteriores.

Por su parte, los seniors que tienen trabajo son mucho menos proclives a moverse a nuevas oportunidades, lo que resta dinamismo al mercado laboral y genera una impresión de acaparamiento de los puestos de trabajo que frena a los jóvenes. Es fácil que se extienda una falsa idea de ‘enfrentamiento generacional’ cuando en realidad son las dos rebanadas de un mismo ‘sándwich de precariedad‘.

Más activos que nunca

Pero el aumento de los parados seniors puede tener también otra lectura: las personas que pierden el empleo a esa edad cada vez son más reacias a abandonar el mercado laboral anticipando su jubilación. Una hipótesis que confirma la tasa de actividad.

Habitualmente se considera que las personas que pierden un trabajo en edades cercanas a la jubilación dejan de buscar otro empleo y encadenan indemnizaciones, ahorros, subsidios y prestaciones para subsistir hasta el momento en el que pueden jubilarse. Por eso, muchas reformas de las políticas de empleo y pensiones se han encaminado a endurecer este camino, restringiendo las jubilaciones anticipadas y recortando los subsidios: el caso más reciente y polémico fue el intento de eliminar la sobrecotización para los subsidios para mayores de 52 años.

Pero un análisis de la tasa de actividad de los mayores de 50 años, es decir, de las personas que trabajan o buscan empleo, revela un notable incremento. Más limitado entre aquellos que superan los 65 años (ha subido del 1,6% al 4,4% desde 2002), pero muy intenso entre los 50 y 65 años: han saltado del 50% al 75%, superando la de los menores de 30 años, que han pasado del 61% al 59%.

Huelga decir que estas tasas son relativas a cada grupo de edad, por lo que el hecho de que haya más o menos personas en cada grupo de edad no debería afectarlas. Así que su evolución confirma un cambio en el mercado de trabajo: los mayores de 50 años están más dispuestos a trabajar que nunca. Basta con que las empresas les abran la puerta.

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