El Ejecutivo comunitario se había propuesto cerrar el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Mercosur antes de final de año. Pero las trabas presentadas por varios Estados miembro, encabezados por Francia y secundados por las reservas de Italia aplazan el acuerdo. No será hasta enero que se haga un nuevo intento por cerrar un pacto que se lleva negociando durante más de dos décadas.
Fuentes comunitarias han confirmado que la firma del acuerdo se «ha pospuesto hasta principios de enero en un esfuerzo por dar respuesta a las demandas que han presentado varios Estados miembro». La firma estaba prevista, en un inicio para este sábado, sin embargo, tanto París y Roma han pedido poder aplazar al arranque del año para poder tener las garantías de que los bajos precios de carne de vacuno y aves no perjudicarían al sector europeo.
La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, ha tomado posición a lo largo de las últimas semanas. Es así que trasladaba este jueves al presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, (país que ocupa actualmente la presidencia rotatoria de Mercosur) que necesitaría unos días para confirmar el acuerdo entre ambas partes. La intención que el Ejecutivo italiano trasladaba a Brasil era de cerrar el pacto «tan pronto como se den las respuestas necesarias a los agricultores» para aplacar los problemas políticos suscitados en su país.
La Cumbre de líderes de la UE, que tiene lugar este jueves en Bruselas, ha estado marcada por las protestas de los agricultores, que esgrimían su rechazo al acuerdo de Mercosur (compuesto por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) y a la nueva distribución de los fondos agrícolas del próximo presupuesto comunitario, que contempla un recorte del 20% de las ayudas al sector.
«Nos dicen que hay que firmar ahora. No, no hay un cheque en blanco», indicaba el presidente francés Emmanuel Macron a su llegada al encuentro. Pedía cláusulas espejo que garanticen que los bienes importados se vean sometidos a las mismas condiciones que se requieren a los agricultores comunitarios.
«Queremos reciprocidad», decía el líder galo evidenciando cómo ciertos pesticidas o productos no están permitidos en los procesos de producción comunitarios. Al tiempo reclamaba más controles en puertos y aeropuertos para que los productos europeos «no se vean afectados por los productos que procedan del exterior». Y establecía la comparativa: «los agricultores han acatado. ¿Y hoy queremos abrir mercado a gente que no respetan estas reglas? Es absurdo. Queremos cláusulas espejo. No estamos listos», sentenciaba.
El aplazamiento deja con mal sabor de boca a Berlín y Madrid, principales valedores de cerrar el pacto lo antes posible. A su llegada al encuentro, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, mostraba su voluntad por que este sábado se pudiera ratificar el acuerdo. «Sería muy frustrante el que Europa no lograra un acuerdo con el Mercosur, una vez que ya hemos logrado aprobar en el Parlamento Europeo esas cláusulas de salvaguarda para el sector primario europeo», señalaba.
El pasado septiembre, el Ejecutivo comunitario presentaba un texto legislativo que incluye salvaguardias, como límites a los volúmenes de importación o un fondo de crisis de 6.300 millones y cláusulas espejo para que los productores latinoamericanos tengan que cumplir con las mismas condiciones que los comunitarios. Una propuesta que todavía debe recibir el respaldo del Parlamento Europeo.
Tras dos décadas de negociaciones entre la Unión Europea y los países que conforman Mercosur, Bruselas se proponía sellar el acuerdo antes de final de año. En los últimos meses ha ido sumando anexos al acuerdo en un intento por apaciguar las reservas de los Estados miembro más reacios. Aun así, el acuerdo con Mercosur, finalmente, se retrasará más allá de final de año.
Las dudas de Francia han quedado más que patentes durante toda la negociación. El país acoge las voces de un sector agrícola en pie de guerra por la amenaza que pueden representar las importaciones desde el otro lado del Atlántico, a las que afeaban cumplir estándares productivos más laxos que los europeos y reclamaban reglas del juego igualitarias.
Roma y París no eran las únicas capitales con dudas. Dublín, otro de los Estados miembro con un fuerte peso del sector agrícola, valoraba tomar las riendas para conformar una minoría de bloqueo. Estarían en este bando también Polonia y Hungría que, junto con Austria y Países Bajos, rechazan seguir adelante con el acuerdo comercial. Bélgica, por su parte, informaba de que se abstendría en la votación.