Pedigrí republicano, carnet de MAGA y dispuesto a recortar tipos a lo grande: así es Kevin Hassett el candidato de Trump para presidir la Fed

Pedigrí republicano, carnet de MAGA y dispuesto a recortar tipos a lo grande: así es Kevin Hassett el candidato de Trump para presidir la Fed

Kevin Hassett se convirtió en el máximo favorito para suceder a Jerome Powell al frente de la Reserva Federal, cuando Trump comenzó a charlar con los periodistas en mitad de un vuelo del Air Force One y el pasado fin de semana dijo que ya había tomado una decisión. Hassett había estado siempre entre los favoritos del presidente. Tan favorito era, que era, además, el favorito entre los Kevin. También optaba Kevin Warsh, un exgobernador de la Fed, con buena relación con Trump pero con un perfil demasiado ortodoxo para los planes de la Casa Blanca de bajar tipos a todo trapo.

Hassett, sin embargo, encarna el alma dovish que desea Trump para la Reserva Federal, un pedigrí republicano único y un excelso currículum académico. Nacido en 1962 en Greenfield (Massachusetts), el economista es un producto clásico de la meritocracia económica estadounidense: graduado en Swarthmore College y doctor en Economía por la Universidad de Pensilvania.

Tras un breve paso por la docencia en Columbia Business School, aterrizó en la propia Reserva Federal a principios de los noventa como economista en la división de investigación. Estuvo cinco años. No se sabe si es tiempo suficiente para tener carnet de banquero central, pero sirve para destacar frente a otros candidatos más políticos. El propio secretario del Tesoro, Scott Bessent, también ha sonado con fuerza.

El economista destaca sobre todo por su carrera en paralelo al Partido Republicano. Ficha por el American Enterprise Institute, uno de los grandes think tanks conservadores. Desde allí se especializa en política fiscal y tributaria, se convierte en una voz influyente en Wall Street Journal, Bloomberg o National Review, y firma una larga lista de libros y estudios sobre impuestos, inversión y desigualdad. Entre sus obras más conocidas está Dow 36,000, el libro que en 1999 pronosticaba un rally bursátil prácticamente ininterrumpido justo antes del estallido de la burbuja puntocom; un episodio que sus críticos no han dejado de recordarle desde entonces.

De Bush a Romney

Antes de ser uno de los economistas de cabecera de Trump, Hassett fue el economista de casi todo el establishment republicano. Asesoró la campaña de George W. Bush en 2004, acompañó a John McCain en las primarias de 2000 y en las presidenciales de 2008, y más tarde trabajó para Mitt Romney en 2012. Su receta para la economía apenas ha cambiado estos años: bajadas de impuestos a empresas y rentas altas y fe absoluta en los incentivos a la inversión y una defensa firme del libre comercio.

El salto definitivo llega en 2017, cuando Trump le nombra presidente del Consejo de Asesores Económicos (CEA). Desde ese puesto, Hassett se convierte en uno de los arquitectos intelectuales de la reforma fiscal de 2017. Durante la pandemia, ya fuera del CEA, vuelve brevemente a la Casa Blanca como asesor económico clave: no para diseñar la respuesta de salud pública, sino para empujar por una reapertura rápida de la economía y minimizar el alcance de nuevos programas de estímulo.

En la Era Trump II, Hassett regresa por la puerta grande: desde enero de 2025 dirige el Consejo Económico Nacional, el verdadero centro de coordinación de la política económica de la Casa Blanca. Hassett es percibido como una clara paloma monetaria: partidario de recortes de tipos más rápidos y profundos, incluso en un contexto en el que la inflación no ha terminado de anclarse en el 2%. Donde otros fracasaron, el viejo lobo de Wall Street Gary Cohn (expresidente de Goldman Sachs) salió por la puerta de atrás del Consejo Económico al intentar frenar a Trump, Hassett se ha convertido en un auténtico MAGA (Make America Great Again). Se ha alineado con Trump en comercio, impuestos, inflación o el control de la Fed, en innumerables apariciones públicas.

Su larga trayectoria en instituciones económicas, en la propia Fed y como arquitecto de la política económica republicana le da un pedigrí técnico que otros candidatos no tienen. Es un economista con lenguaje de mercado, que habla con comodidad de productividad, incentivos fiscales y dinámica de la deuda.

Pero, por otro lado, es percibido como un peligro para la independencia de la Fed por su cercanía personal y política a Trump. Es la última pieza que le falta dentro del banco central tras los nombramientos de Stephen Miran, Michelle Bowman y Chris Waller.

WhatsApp

Facebook

Twitter

Linkedin

Beloud

Bluesky

Facebook
WhatsApp
Twitter
LinkedIn
Pinterest