Hasta hace poco, los pesos pesados corporativos de Dinamarca, Novo Nordisk y Orsted, parecían intocables. La farmacéutica logró ser la firma europea más valiosa el año pasado al calor del aumento de la demanda por los medicamentos Ozempic y Wegovy, mientras que la energética, mayor desarrollador de energía eólica marítima a nivel global, consiguió en 2021 un nivel récord en valoraciones, impulsada por el avance de la transición verde.
Sin embargo, aquellos éxitos parecen lejanos. Este miércoles Novo Nordisk anunció su plan para despedir a 9.000 trabajadores, más de la mitad en Dinamarca, después de perder el liderazgo en la carrera por los fármacos contra la obesidad y adelgazantes, desbancado por su rival estadounidense, Eli Lilly. Paralelamente, Orsted se ha visto obligada a paralizar y cancelar proyectos, así como conseguir nueva financiación, ante la ofensiva de Trump contra las energías renovables, especialmente la eólica marítima. Ambas firmas danesas, gigantes empresariales del país escandinavo, han sufrido pérdidas de valoración bursátil, y la euforia inversora que soplaba sus velas en los parqués parece haberse desvanecido.
Por otro lado, estos problemas no han sido objeto de preocupación exclusiva de los inversores: el gobierno danés, así como las familias y los fondos de pensiones del país, también están intranquilos. La confianza del consumidor está empeorando, y hay temor de que Dinamarca experimente el riesgo Nokia, nombrado a partir de las dificultades que experimentó la economía danesa a principios de los 2000 cuando, en un contexto de crisis global, iPhone salió al mercado y golpeó duramente a la marca doméstica de telefonía móvil.
En este sentido, el peso de las multinacionales sobre el PIB de Dinamarca amenaza con desequilibrar la balanza. Así, en los años ochenta, los ingresos de las diez firmas más grandes correspondían al 20% del PIB danés, un porcentaje que actualmente es del 45%. Por su parte, el impacto de Novo Nordisk sobre el PIB asciende al 5%, siendo responsable, el año pasado, de la creación de un quinto del empleo privado en el país. Se tratan de cifras preocupantes que permiten a Jyrki Ali-Yrkko, investigador del ETLA Economic Research, establecer paralelismos con el fenómeno Nokia.
La preocupación es lógica teniendo en cuenta que Copenhague ha estructurado su estrategia económica a corto plazo basándose en el éxito de Ozempic y Wegovy: desde 2022, Dinamarca ha calculado incrementos de ingresos futuros, hasta final de la década, cifrados en más de 16.000 millones de dólares en fondos adicionales disponibles. Esta hoja de ruta ha permitido al país aplicar bajadas de impuestos, incrementar las inversiones en energías verdes y enviar apoyo económico a Ucrania.
Además, los vaivenes de Novo Nordisk también amenazan las economías locales de las regiones donde la firma ha incrementado su presencia. Tampoco se libra del peligro la economía doméstica: el pasado mes de agosto, el gobierno de la socialdemócrata Mette Frederiksen recortó las estimaciones de crecimiento del 3% al 1,4% debido, principalmente, a la caída de las ventas de Novo Nordisk, firma que ha perdido en el último año más del 60% de su valor bursátil.
Por su parte, si bien Orsted no tiene el peso similar de Novo Nordisk en la economía danesa, el hecho de que sea parcialmente de propiedad estatal hace que sus dificultades generen, también, problemas para Copenhague. La firma energética inició a principios de los 2000 un giro hacia las renovables, especializándose en la eólica marítima, cuya cuota en el suministro eléctrico en Dinamarca asciende al 60%, la mayor en todo el mundo.
Aquel esfuerzo fue acompañado de una dosis de ambición: después de crecer en Europa, aterrizó en EEUU, donde tuvo que bregar con numerosos obstáculos burocráticos, retrasos en la cadena de suministros y abandonos de proyectos. Tras superar aquellas aguas turbulentas, y cuando el rumbo parecía enderezado, la llegada de Trump a la Casa Blanca ha desatado una tormenta que ha golpeado de lleno a Orsted. Según Rasmus Errboe, director ejecutivo de la marca, la firma fue la que más lejos llegó en EEUU, y ello implica que ahora sea la que más se está viendo afectada.
En este contexto se enmarca la recaudación de 9.400 millones de dólares obtenida por Obtenida por Orsted en agosto, un volumen proporcionado parcialmente por el Estado, lo cual provocó fuertes caídas en bolsa. Dos semanas más tarde, la Administración Trump frenó un proyecto de energía eólica marina en la costa de Rhode Island valorado en 6.300 millones de dólares, decisión que la marca ha llevado a los tribunales.
Además, los problemas de Orsted constituyen un problema político. Su valor ha caído un 85% desde 2021, lo cual ha empujado al gobierno a plantear una inyección de capital extraordinaria para reforzar a la firma, idea rechazada por la oposición. Paralelamente, la estrategia para la transición energética, fundamentada en la eólica, también se ha visto afectada, abriendo la posibilidad de revisar el veto impuesto desde 1985 a la energía nuclear.